De los ojos de Erika habían brotado lágrimas de modo incontrolado, estropeando ligeramente su tenue maquillaje natural. Después de que todo el equipo de seguimiento la felicitara con entrañables muestras de admiración y cariño, y una vez a salvo en su camarote acristalado del último piso de la torre Alcubierre, mientras dejaba vagar su mirada en la lejana estación de lanzamiento, que poco a poco iba desapareciendo en el ocaso, se consoló pensando en que, a pesar de su empeñó por disimular sus emociones en público, las lágrimas habían estado justificadas por el hecho de que Antón, su disciplinado alumno de 26 años, comandante de la misión Aurora , héroe reconocido, y su único hijo, hubiera posado con éxito la nave Tritón 3 sobre Marte, llevando consigo el primer pasaje de 500 colonos destinado a instalarse de modo permanente en el planeta rojo. Una vez recuperada de su desliz emocional, trató de recordar cuándo fue la última vez que había llorado en público y, aun...