Política y pareja

La política tiene poco o nada que ver con el amor o el querer. Está en planos diferentes. La política, está en el orden, el control y la dominación de las voluntades ajenas; quizá en principio honestamente para alcanzar y compartir con otr@s el placer de la mejora social, pero siempre acaba convirtiéndose en un vicio por el placer orgásmico que da el ejercicio del poder sobre los demás; por lo tanto atiende a los mismos estímulos fisico-químicos que el sexo, y es irracional e irrefrenable.

La política es una función sexual, y pensar que la función de la política es la mejora de la sociedad humana, puede ser tan ingénuo como pensar que la función del sexo es exclusivamente la reproducción humana.

Como el sexo, la atracción por determinada inclinación política es innata, pero también puede estar sujeta a las experiencias sobrevenidas desde la más tierna infancia, de modo que, al igual que una critatura abusada sexualmente puede verse forzada a buscar experiencias sexuales aberrantes, otra, criada en un ambiente de intolerancia política puede verse atraída por extremismos facciosos.

La actividad política, incluidos los cambios de ideología, el activismo en solitario, la participación colectiva, la lucha de clases, la vida pública, es tan legítima como el gusto por el sexo, incluidos el cambio de inclinación sexual, el onanismo, la promiscuidad, los tríos, las orgías, la lucha LGTB, la exibición erótica en público; sin embargo, según esta misma comparación, dedicarse a la política profesionalmente con ánimo de lucro, es una forma de prostitución, y puede verse a todas horas que tengo razón. Luego están los extremos no leǵitimos como son la lucha armada y el abuso sexual; sobrevenidos con frecuencia a partir de situaciones forzadas como el celibato religioso y la tiranía política, con sus consecuencias como la pedofilia y el terrorismo.

Finalmente está la ausencia de pulsión sexual de los ascetas, y el apoliticismo de los nihilistas.

Dicho esto, si queremos analizar el impacto que la política puede suponer sobre la vida sentimental en pareja, entendiendo ésta como el resultado del amor y/o el querer, hemos de hacerlo según las opciones siguientes:

Caso A: ambos comparten la misma ideología o ideologías muy afines, pero no ejercen el activismo político fuera de casa: no hay pulsión ni atracción por el debate político doméstico. La convicencia política es tan aburrida como la de dos amigos heteros del mismo sexo, que comparten piso; reduciéndose el ejercio político a la excitación que produce criticar a otras facciones opuestas mientras se escuchan las noticias; algo comparable a ver cine porno con l@s "amigote@s", para luego practicar el onanismo. En este caso la política no tiene efecto pernicioso sobre la convivencia sentimental de la pareja, acaso podría mejorar su líbido sexual, si saben usar esas pequeñas diferencias de criterio ideológico de modo erótico, para exictarse mutuamente.

Caso A1: el mismo caso anterior, pero alguno o ambos tienen actividad política  pública. En este caso sería como si l@s amig@tes que comparten piso, después de ver junt@s cine porno para calentar su líbido, luego salen de ligoteo, o a comprar sexo. No tardarán en encontrar pareja fuera del piso, e irse a vivir con ella. Llevado al terreno de la convivencia sentimental de una pareja que se ama, o se quiere, no tardará mucho en romperse su convivencia, pues alguno, o ambos, encontrará la ansiada pulsión sexual política en personas políticamente más atractivas, con mayor éxito social, con más "liderazgo"; eso, tanto si son de su misma facción, como de  facciones opuestas, pues el ejercicio de la actividad política pública no busca otra cosa que el reconocimiento y el éxito social, que en casa nunca encontrará. Quzá una excepción la tenemos en con los Pastores anglicanos que están felizmente casados, ¿O no?.

Caso B: la pareja tiene ideologías políticas opuestas, pero no ejercen la actividad política públicamente. Obviamente si han llegado a formar una pareja estable habrá sido por la irrefrenable atracción del amor, y no por ambición política, pues nadie con esa ambición reprime su actividad pública, ni se exibe en público con el "enemigo". Tanto si alguna vez se amaron, como si todavía se aman, o ya sólo se quieren, ambos evitarán la confrontación política en privado salvo como estímulo para su vida íntima, como un juego erótico más. Si eso no es posible o conveniente, la única alternativa es ejercer la ideologia en lo íntimo, de un modo onanista.

Caso B1: el mismo caso anterior pero ejerciendo la política públicamente. En ese contexto no veo posible la convivencia sentimental. Puede ocurrir que partiendo de un mismo principio politico en privado, un@ o ambos se radicalizan a polos opuestos. En ese caso, el final de la pareje es inevitable pues, como he dicho antes: nadie con esa ambición reprime su actividad pública, ni se exibe en público con el "enemigo"; y si lo intenta, ya se encargará el partido de que no lo consiga.

En resumen:

La política (ocurre lo mismo con la religión), sólo es compatible con la vida sentimental en pareja si, al igual que el sexo, aquella se ejerce en la intimidad, pudiendo ser incluso un estímulo para disfrutar de la vida en pareja.

Corolario:

Yo me pongo en el Caso B, mi compañera fue siempre socialdemócrata hasta que en 2019, y por razones bien conocidas, paso a ser nihilista. Por mi parte, sin llegar a militar nunca, ni manifestarlo públicamente, siempre 4nt1s10n1st4, partiendo de raíces socialistas, tuve una adolescencia comunista, mientras fui militar le hice guiños al nacional-socialismo, para una vez asentado y padre, votar durante treinta años a la social democracia; tanto de la izquierda, como de la derecha. Consciente de la situación tras 2019, pero incapaz de asumir el conveniente nihilismo, fijé los ojos en el anarco liberalismo (Milei), hasta que, pronto decepcionado por todas las opciones, dejé de creer en la Democracia y me "inventé" el Anarco-Judicialismo, donde de un modo onanista "yo me la guiso, y yo me la como" mi pulsión política, aunque reconozco que con un poco de exibicionismo "Anarkid", pero justo el necesario para cubrir mis necesidades ideológicas, siempre sin comprometer ni faltar al respeto de mi pareja, que se divierte bastante con mis devaneos mentales, siempre que los guarde en casa. En lo que más estamos de acuerdo es en que nunca más votaremos, ni siquiera en la Comunidad de Vecinos. Gobierne quien gobierne, la política no acabará con nosotros, ni con nuestro amor.


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