miércoles, 26 de noviembre de 2014

La Llama Eterna: Relato II -El peso de la infancia-

    Fuente: RNE Sinfonía de la Mañana (Martin Llade)

   María sostuvo el pedazo de carne entre las manos, sentía latir el pasado con rabia en las yemas de los dedos. Ya desde niña, su hermana Jacky había sido la predilecta, la estilizada, la que arrancaba piropos al pasar por la calle de Manhattan en la que vivían, aquella a la que todo el mundo preveía un futuro de estrella de cine o del teatro; ella, en cambio, era la “gorda”, la fea a la que nadie quería.

ó:
Y, sin embargo, había sido ella la que insistiera en engordarla. Pues, ¿no le habían dicho que era la robustez la que fortalecía la voz, que sólo los cantantes obesos eran los que triunfaban? Ahí tenían el ejemplo de Caruso, o, Emmy Destinn, y ¿no era cierto que Toti dal Monti obtuvo sus mayores triunfos en la época en la que estaba más llenita?

Así que la madre había comenzado concienzudamente a alimentarla a base de patatas y tocino, de huevos y pasta; y, por las tardes, le tenía reservada un plato de golosinas sobre la mesa para merendar. Lo que hubiera sido la envidia del resto de los niños del vecindario, a ella le provocaba náuseas: bastones de caramelo, bolas de coco y tabletas de chocolate con avellanas. Al padre, que era farmacéutico, no le parecía nada bien.

Desde su rincón, su hermana Jacky sonreía en silencio. A ella, nadie le exigía que se hartara de chucherías. Como iba a ser famosa por su belleza, no necesitaba si no pasearse por la calle, y que un millonario parase su Rolls Royce, y le pusiera un anillo de brillantes en su dedo anular.
En cambio, María, necesitaba más que un empujón, y ella se lo estaba dando.

Así que, además de las galletas y los helados, tuvo también que tragarse las lágrimas. Luego, mamá tuvo la feliz idea de regresar a Grecia poco antes de la Segunda Guerra Mundial, y allí ella conoció por vez primera lo que era el hambre, y la prefirió al hartazgo de comer, pero eso no se lo dijo a nadie.
Para cuando los Aliados vencieron a Hitler, María había logrado poner un océano de por medio entre su madre y ella; y, aunque no le quisieran por sí misma, amaron su voz.

Meneghini, se enamoró al instante de aquella fuerza de la naturaleza, pero…

Pero no le bastaba. Quería que sus compañeros de reparto no hinchasen los carrillos a sus espaldas cuando la veían; ni que escondieran sus bocadillos de broma, o la llamasen “La Bola del Mundo”.
Quería pasearse por Manhattan y que los obreros le dijeran obscenidades desde sus andamios. Que silbaran a su trasero. Que le prometieran la luna y una jarra de cerveza; y por supuesto que un millonario, ya no en “Rolls”, si no en yate, pusiera a sus pies el mundo entero.

De vez en cuando le llegaban cartas desde Grecia, emborronadas con lo que parecían ser lágrimas:

Y a eso respondió con su última carta:

María firmó la carta con el que era ahora su nuevo nombre, más corto y elegante que el feo Kalogueropoulo. Un nombre adelgazado, perfecto para la mujer de un millonario, o una diva de la escena.

Volvió a contemplar el pedazo de carne cruda entre sus dedos. Le habían asegurado que estaba infectado por una tenia. ¿Cuántos kilos de infelicidad podría devorarle? ¿Treinta? ¿Cuarenta? ¿Una vida entera?

María Callas cerró los ojos, e ingirió el trozo de carne, y al hacerlo, tuvo la sensación de estar tragándose, de una vez por todas, su horrible infancia.

martes, 25 de noviembre de 2014

La Llama Eterna: Relato I -Libertad vs Lealtad-

   Fuente: RNE Sinfonía de la Mañana (Martin Llade)

    El milanés Ronconi, tenía especial predilección por la ópera de Bellini, no en vano se había dado a conocer de forma triunfal en Pavia como el “baldeburgo de la estraniera”. A partir de ese momento se convirtió en el barítono más cotizado de toda Italia, y era lógico que hubiera expectación por parte del público, por verle actuar en Génova; aunque más expectación tenía la policía de la ciudad, que le citó en comisaría pocas horas antes de la primera de las funciones, en el teatro Carlo Felichi.
Ronconi quiso saber cuáles eran. El Comisario sacó de su cajón un ejemplar del libreto garabateado con cruces rojas por muchas de sus páginas.

El Comisario repuso que bastaba con sustituirla por otra más inocente, y de mayor grado poético. Por ejemplo: Lealtad.

Y así, Ronconi, bien instruido por las Autoridades, se dispuso a presentarse ante el público genovés. Cuando debía cantar el dúo “suonni la tromba” en Puritani, se vio en la tesitura de tener que obedecer la orden, pues el personaje decía textualmente: “gritando Libertad”.
Sin embargo, al ver los rostros de los presentes, que obviamente esperaban que diera lo mejor de sí, el artista pudo con el hombre, y acabó respetando el texto.
Y tal y como intuyera, el teatro se caía de los aplausos. Al fin y al cabo, ¿qué podían hacerle por una minucia semejante?
Al caer el telón, cuatro policías se echaron sobre él en el mismo escenario. Entre bambalinas, lo aguardaba el Comisario sin perder la sonrisa.

La memoria y los huesos, porque lo tuvieron en una celda helada durante tres días, a base de agua y pan duro.
El único consuelo que le quedó a Ronconi, fue que los genoveses tenían ahora más interés en verle cantar,  y así, poco tiempo después fue invitado de nuevamente a la ciudad para catar el Bel Cuore, en Elixir de Amor.
El problema es que este personaje aludía también a la dichosa Libertad, concretamente cantaba el siguiente texto: “vende la Libertad, se te haces soldado”; para describir que Nemorino se alistaba en el ejército, a cambio de un dinero que le permitiera comprar el Elixir del Amor.
Ni corto, ni perezoso, y con la memoria bien refrescada, Ronconi quiso evitarse un nuevo problema, y el día de la primera función, bien obediente, sustituyó la palabra prohibida por la permitida. Y en sí cantó lo siguiente: “vende la Lealtad, si te haces soldado”.
Esto, desde luego, provocó tales  carcajadas en el público, que por poco tuvo que pararse la representación. En todo caso, Ronconi suspiró aliviado.

Sin embargo, este sentimiento duró poco, pues, apenas hubo caído el telón, fue nuevamente detenido; y es que, las Autoridades genovesas, encontraban altamente sospechoso y subversivo, aquella alusión a que la Lealtad pudiera venderse.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Cerebro vs Corazón

El cerebro: analiza, calcula, elabora sensaciones, imagina, trata de adivinar; es el Jefe del Estado, y es conservador y egoísta como todos los jefes. Su misión es proteger al cuerpo que le sirve de vehículo para sobrevivir. Cuando no le gusta lo que le ocurre, se "chuta" alcaloides, engañándose a sí mismo con sueños y paranoias. El corazón no sabe mentir, su misión es simple y permanente. Muy realista. Es noble y cabezota: ¡pom-pon! ¡Pom-pon! Tiene muy claro lo que quiere, y a veces saca de quicio al cerebro; ese es el momento en que ambos deben conciliarse para evitar el colapso. Bueno, en realidad, es el momento en que el corazón convence al cerebro, pues siempre gana, ya que el cerebro lo necesita. El corazón puede seguir latiendo solo, sólo necesita una pila, y/o, una buena razón para seguir.

sábado, 11 de octubre de 2014

EL QUÉBOLA ¿UN NUEVO VIRUS INFORMÁTICO?

¡Qué tragedias nos devuelve esta nuestra Sociedad Desarrollada y mega informatizada! Dos esposos viviendo un calvario que nunca debieron ver ni en el cine. Fíjense qué consuelo: el que seguramente fue su mayor anhelo no cumplido, ahora es un alivio; pues aquél que suplía el vacío que deja la ausencia de hijos, fue devorado por el pantagruélico apetito de la Tranquilidad Social. ¿Qué hubiera pasado si en lugar de un perro hubiera sido un niño? Y ahora, ¿cuál es su situación? Mientras ella lucha por su vida, él, apenas a unos metros de ella, pero separado por el infranqueable muro de la Seguridad Social, no puede acompañarla ni para darle ánimos. Espero que al menos les hayan prestado un cargador para el móvil y puedan ayudarse mutuamente. Quién sabe, quizá ni eso; también hemos creado virus informáticos que, no sólo sirven para difundir calumnias y mentiras, si no que impiden el último recurso de escuchar a nuestros seres más queridos. Espero de todo corazón que todo acabe felizmente, y que mientras tanto, estos pobres esposos puedan hablar con tarifa plana sin que ningún virus informático se lo impida.

martes, 7 de octubre de 2014

El humor de los Mártires

Si algo he aprendido en mi más de medio siglo de Consciencia (2), es que nada es casual y tampoco es gratuito.
Observo Seres Humanos (7.1.5) que están convencidos de que su Redención () es lo más importante para su "Todopoderoso", y hacen de ello el objetivo de su Existencia (); eligiendo a veces el Martirio () propio como camino de Salvación (). 
Sin aplicar la lupa de la convivencia, afirmo que nada tengo que objetar, aunque siempre me ha parecido una actitud lo suficientemente Antinatural () como para hacérsela mirar por un especialista. Pero hay casos peores: todavía hay Seres Humanos, sin valor para el sufrimiento, que se creen con derecho ha rentabilizar como propio el martirio ajeno, con la simple intervención de su Exaltación (). Yo creía que este derecho pertenecía a tiempos remotos, pero los acontecimientos actuales me han demostrado, una vez más, que nada ha cambiado.
¿En qué estarían pensando quienes decidieron, de modo selectivo, traer a dos misioneros infectados de una enfermedad contagiosa sin curación terapéutica, desde el infierno sanitario al que se habían desplazado voluntariamente, hasta nuestro cielo artificial? ¿En recompensar la encomiable labor llevada a cabo por sus Mártires, con un último momento de reconocimiento y reposo terrenal? Flaco favor para quien ha decidido entregar su vida por los demás igualando sus condiciones ante la adversidad; seguramente ni les preguntaron si ésta era su voluntad. Para aquél viaje no eran necesarias tantas alforjas.
Si querían recompensar el sacrificio, porqué no empezaron por aquellos a quienes les ha venido impuesto: madres y padres sin recursos económicos, enfermos crónicos sin asistencia, familiares de víctimas de toxicómanos, personas que descubren fueron niños robados, desahuciados, y excluidos sociales... Entonces: ¿para qué? ¿Para limpiar sus Conciencias (2.1) cobardes y conseguir la Redención () de sus Pecados ()? ¿A qué precio?
Yo les voy a decir a que precio: al de convertirnos a todos en Mártires involuntarios de su Causa (); y les voy a decir más, su "Todopoderoso" no tiene porqué impedirlo, porque para eso es TODO poderoso y puede hacer lo que le venga en gana.
El humor poseído de los Mártires ha llegado a la sangre de un pueblo "sancho" que tanto se atemoriza con la superstición propia de su ignorancia, como desafía el riesgo conocido con desprecio "quijotesco", pero que, en general, no se enorgullecerá jamás de ser el primero en algo tan anacrónico y vergonzoso.
¿Podría ser esto un Genocidio () en grado de tentativa?

sábado, 9 de agosto de 2014

Jubilación de Don Francisco G.

Don Francisco G. se jubila. "Cosa de la edad" -dice contundente, pues es un hombre de palabras completas y justas. ¡Vamos! Las justas; ni una más. Cuando le vi por primera vez, con su ademán de ingeniero civil y maduro: las manos enlazadas a la espalda, o en los bolsillos de un pantalón de panilla marrón,  atenazando su cuaderno de campo entre el brazo y el costado, y con la cámara de fotos colgando sobre su chaqueta de gabardina color crema; no sé porqué, quizá porque completaba su indumentaria con una boina navarra bien acostumbrada a su cabeza, me trajo a la memoria a Pio Baroja, y que me perdone si le he incomodado con la comparación, pero la prosa de su dicción sosegada y concisa, reforzó mi impresión.

Antes de que otros me dieran datos del  alcance extraordinario de la carrera profesional de Don Francisco, ya me había dado cuenta de que tras este hombre modesto y accesible, se encontraba un ingeniero con mayúsculas, a quien, por respeto a su talla, siempre me ha costado llamarle Paco, como acostumbran con cariño cuantos le conocen, y a él no le importa. Don Francisco, le llamaba yo.

A pesar de su calma aparente, Paco es audaz; pertenece a esa élite exclusiva capaz de domar a la bestia más furiosa que habita nuestro planeta: el agua. ¿Que digo domarla? Domesticarla. Traerla mansa y bondadosa hasta nuestra casa, y liberarla tranquilos en una jarra.

--"La mejor agua para beber, la del grifo" -dijo un día, mientras comíamos en el Castillo de Gorraiz.

--¡Nada de agua salvaje, narcotizada, y cautiva en botellas! -añadí yo

Paco, que conoce la naturaleza de las cosas, sabe que la energía se esconde allí donde, regalada por el Sol, la ha dejado el agua; por eso defiende, con su antigua calculadora "hewlettpackard" en ristre si es necesario, que tanto calor puede darnos un kilo de paja, como diez litros de agua, ¿o era al revés? No sé; sólo hay que saber hacerlo, y él sabe. Allá donde ve brotar el agua, imagina una mini-central, o micro, si el recurso es escaso.

Nuestro compañero Paco es intrépido como el joven Zalacaín, ¿acaso no le habéis visto en operaciones de caballería aerotransportada, de un modo que os recordara aquella escena famosa de cine, donde los helicópteros volaban al son de la música de Wagner? El Pirineo bajo sus pies, es la hermosa Pirenne hacedora de manantiales.

Paco, también es un hombre sensible, capaz de ver poesía donde nosotros sólo vemos piedras y hormigón. ¿Quién no ha leído sus informes, sus reportajes, y su libro: "Centrales Hidroeléctricas y Presas del Alto Aragón"; del que guardo orgulloso un ejemplar dedicado? Rapsodia pura para los tecnólogos, en la que la métrica de sus descripciones, separadas por la elocuencia silenciosa de sus fotografías, se ajusta en estrofas propias de quien es capaz de describir mucho con pocas palabras. ¡Qué envidia! 

Don Francisco es un navarro, cuya "navarrez", bien podría servir de definición: ingenioso, aguerrido, sólido, constante, noble, montañero siempre joven, honesto y modesto. Ahora dice que va a dejar de trabajar, "--cosa de la edad" -afirma. Será porque lo piensa él, porque no lo aparenta. Habrá que creerle, pues, aunque con pocas palabras, es un hombre de palabra; y si alguna vez os ha dejado con la palabra en la boca, quizá fuera porque no era necesario decir nada más. Yo tampoco voy a hacerlo. Tan solo añado que ha sido todo honor trabajar con él.

viernes, 25 de julio de 2014

Boilgue's Kingdom, revisited

(Leer antes el capítulo El Reyno del  Boilgues) Es muy cortito.

Han pasado seis años desde la última vez que Ramón estuvo en la Central Hidroeléctrica de Vallanca, y cinco desde que ésta ya no es responsabilidad suya; pero tenía que volver, y ha vuelto.

Al final, los acontecimientos fueron más diligentes que su razón, y justo cuando decidió qué haría con aquél pino enorme que amenazaba con caerse, poniendo en riesgo la integridad de la central (ya en desuso desde tiempo atrás) y lo que realmente le importaba: la vida de alguna persona; le cambiaron de empresa, y dejó de ser problema suyo.

Casualmente, Ramón firmó y envió el informe el mismo día en que se separaron las Anónimas Sociedades que colonizaban el agua del Reyno del Río Boilgues, quedando él en la que abandonaba ultramar.

Pero Ramón no se olvidó de los reyes consortes, ni liberó su conciencia de la necesidad bipolar de garantizar la seguridad, o mantener la tradición y la familia real hasta sus últimas consecuencias.

Ramón necesitaba volver, quería convencerse de que su informe era el correcto: pena de muerte para el consorte díscolo, por amenazar la paz del Reyno.

Cuando Ramón firmó la sentencia, sabía que existían nueve probabilidades de diez de que el pino, desposeído por culpa de su avaricia de la mitad de su reino terrenal, y amenazado por su aborrecida consorte Doña Junípera, de que soltaría sus raíces antes que verse arrastrada en su caída, acabaría por caerse en pocos años. También sabía que existía una posibilidad entre un millón de que en su caída, atrapase al menos a una persona en su caída, y este margen era inaceptable para él.

Ramón ha vuelto. Ayer, desde el mismo momento en que abandonó la carretera angosta que va de Ademúz a Vallanca, para coger la pista que lleva al castillo del Reyno, se dio cuenta de su error. Ambos monarcas seguían en pie. La reina, Dª. Junípera Sabina, lejos de abandonar a su suerte a su esposo, mantenía inquebrantable su abrazo salvador. Él, afectado visiblemente por la carencia de suelo bajo sus pies, estaba envejecido, parecía haber encogido notoriamente y, carente de su porte imponente, ya no se le veía tan amenazador.

El amor de la esposa Sabina, aún a riesgo de su vida ante cualquier vendaval, había evitado la descomunal caída del monarca Pino. Aunque se la ve más cubierta por una pátina albar, aún guarda su esbelta belleza, y parece que aguantará enhiesta hasta el final.

Ramón, se alegró muchísimo de que nadie tuviera en cuenta su informe, y , antes de ponerse "cara Cuenca", posó con alegre chulería bajo el Rey vegetal.

No obstante, precavidos, los lugareños humanos del valle del Boilgues, han vallado la zona donde, algún día, ambos o el pino Rey sólo, presionado por otro arbolito que crece al lado de la Sabina, acabará por caer.