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EL QUÉBOLA ¿UN NUEVO VIRUS INFORMÁTICO?

¡Qué tragedias nos devuelve esta nuestra Sociedad Desarrollada y mega informatizada! Dos esposos viviendo un calvario que nunca debieron ver ni en el cine. Fíjense qué consuelo: el que seguramente fue su mayor anhelo no cumplido, ahora es un alivio; pues aquél que suplía el vacío que deja la ausencia de hijos, fue devorado por el pantagruélico apetito de la Tranquilidad Social. ¿Qué hubiera pasado si en lugar de un perro hubiera sido un  niño? Y ahora, ¿cuál es su situación? Mientras ella lucha por su vida, él, apenas a unos metros de ella, pero separado por el infranqueable muro de la Seguridad Social, no puede acompañarla ni para darle ánimos. Espero que al menos les hayan prestado un cargador para el móvil y puedan ayudarse mutuamente. Quién sabe, quizá ni eso; también hemos creado virus informáticos que, no sólo sirven para difundir calumnias y mentiras, si no que impiden el último recurso de escuchar a nuestros seres más queridos. Espero de todo corazón que todo acabe felizme...

El humor de los Mártires

Si algo he aprendido en mi más de medio siglo de Consciencia, es que nada es casual y tampoco es gratuito. Observo Seres Humanos que están convencidos de que su Redención es lo más importante para su "Todopoderoso", y hacen de ello el objetivo de su Existencia; eligiendo a veces el Martirio propio como camino de Salvación.   Sin aplicar la lupa de la convivencia, afirmo que nada tengo que objetar, aunque siempre me ha parecido una actitud lo suficientemente Antinatural como para hacérsela mirar por un especialista. Pero hay casos peores: todavía hay Seres Humanos, sin valor para el sufrimiento, que se creen con derecho ha rentabilizar como propio el martirio ajeno, con la simple intervención de su Exaltación. Yo creía que este derecho pertenecía a tiempos remotos, pero los acontecimientos actuales me han demostrado, una vez más, que nada ha cambiado. ¿En qué estarían pensando quienes decidieron, de modo selectivo, traer a dos misioneros infectados de una enfermedad con...

Noches de ranas, y días de panes y peces.

  Estaba muy cansado. La noche anterior no había pegado ojo. Fue una noche "de ranas", como aquellas que siendo un mozalbete pasaba en vela inmerso en la sensación de culpa, después de haber pasado la tarde con mis amigos en la Balsa de la Higuera, atrapando, que no pescando,  ranas entre los juncos de la orilla, para someterlas después a tantas tropelías como nuestra amplia imaginación de pequeños exploradores nos ofrecía: meterlas en un frasco de cristal de Nescafé con tarántulas o "arraclavos", darlas de comer a una culebra, hacerlas fumar hasta explotar, diseccionarlas con un estilete oxidado entre fraseos seudocientíficos; para terminar ensartándolas en un palo de anea, y asarlas como si fueran guixas.  Afortunadamente nunca nos las comimos, o quizá sí, ya no lo recuerdo. Moro, mi querido amigo canino, no las comió; de eso sí estoy seguro.  Por la noche, sin saber porqué, o me desvelaba, o tenía pesadillas inmerso en aguas oscuras y cenagosas llenas de bat...

Jubilación de Don Francisco G.

Don Francisco G. se jubila. "Cosa de la edad" -dice contundente, pues es un hombre de palabras completas y justas. ¡Vamos! Las justas; ni una más. Cuando le vi por primera vez, con su ademán de ingeniero civil y maduro: las manos enlazadas a la espalda, o en los bolsillos de un pantalón de panilla marrón,  atenazando su cuaderno de campo entre el brazo y el costado, y con la cámara de fotos colgando sobre su chaqueta de gabardina color crema; no sé porqué, quizá porque completaba su indumentaria con una boina navarra bien acostumbrada a su cabeza, me trajo a la memoria a Pio Baroja, y que me perdone si le he incomodado con la comparación, pero la prosa de su dicción sosegada y concisa, reforzó mi impresión. Antes de que otros me dieran datos del  alcance extraordinario de la carrera profesional de Don Francisco, ya me había dado cuenta de que tras este hombre modesto y accesible, se encontraba un ingeniero con mayúsculas, a quien, por respeto a su talla, siempre me ha co...

Boilgue's Kingdom, revisited

(Leer antes el capítulo El Reyno del  Boilgues ) Es muy cortito. Han pasado seis años desde la última vez que Ramón estuvo en la Central Hidroeléctrica de Vallanca, y cinco desde que ésta ya no es responsabilidad suya; pero tenía que volver, y ha vuelto. Al final, los acontecimientos fueron más diligentes que su razón, y justo cuando decidió qué haría con aquél pino enorme que amenazaba con caerse, poniendo en riesgo la integridad de la central (ya en desuso desde tiempo atrás) y lo que realmente le importaba: la vida de alguna persona; le cambiaron de empresa, y dejó de ser problema suyo. Casualmente, Ramón firmó y envió el informe el mismo día en que se separaron las Anónimas Sociedades que colonizaban el agua del Reyno del Río Boilgues, quedando él en la que abandonaba ultramar. Pero Ramón no se olvidó de los reyes consortes, ni liberó su conciencia de la necesidad bipolar de garantizar la seguridad, o mantener la tradición y la familia real hasta sus últimas...

Reparando el concepto de Democracia. Parte VIII -La Aureocracia-

REPARANDO EL CONCEPTO DE DEMOCRACIA Parte VIII                -LA AUREOCRACIA-

El bosque tenebroso y el soldado Torres.

 De esto hace ya más de veinticinco años (hoy 2014), y todavía se me eriza la piel cada vez que lo recuerdo. Íbamos diez en expedición por el Pirineo Oscense; cosas de la mili. Era la cuarta jornada de una marcha que comenzó en la residencia cuartel de Cerler, con escalas de campaña en Bonansa, Roda de Isábena, Santaliestra y San Quílez, y final previsto en Aínsa, donde nos reuniríamos con el resto de la Brigada. Tras pernoctar en Las Eras de Santaliestra, y tomar un desayuno repelido por la resaca de la noche anterior, partimos camino del Humo de Rañín, donde teníamos planeado preparar nuestro siguiente vivac. Habíamos madrugado mucho; aún no se había asomado el Sol por encima del Morrón de Güell, y bajo el horizonte de nuestros ojos ya podían verse los Tozales de la Virgen y el de Ligüerre, atenazando las aguas del Ésera hasta retorcerlas en una serpentina celeste y espumosa. Los primeros repechos de la sierra de Formigales, despertaron por fin nuestro apetito y, cuando a ...