domingo, 22 de marzo de 2015

¡Se acabó el cuento!

Todo cuento tiene su moraleja.

Ha llegado el momento de terminar de contar la del cuento más largo jamás contado, el de las religiones monoteístas semíticas.

El cuento que yo me conozco, comenzó con un niño tan pobre que, por no tener, no tenía ni padre biológico, que nació emigrado y rodeado de bestias en un pesebre, pero que por capricho del destino pasó a ser "Trending-Topic" al cruzarse su nacimiento con el despliegue mediático de una caravana de Al Jazeera que seguía el devenir de una estrella errante, anunciada tiempo atrás por Astrónomos Orientales. 

La noticia recorrió Oriente Medio como un reguero de pólvora:

"La Estrella deja su mensaje: Niño semita de buena familia y madre soltera, nace en un pesebre por culpa de la ocupación imperialista. !Esto no puede seguir así¡"

Muchos fueron los grupos de resistencia activa que utilizaron este suceso para seducir acólitos pero, como suele ocurrir, pasado el momento informativo, del muchacho nada más se hubiera vuelto a saber, si no hubiera sido por que con el devenir de los años fue haciéndose fama de profesar una ideología que chocaba frontalmente con el Sistema establecido, tanto el Local como el Multinacional Imperialista, que coexistían en Galilea perfectamente engranados y engrasados por la oleosa presencia de la corrupción. Nada nuevo ni original. Situaciones cómo aquella, e individuos así son una constante. ¿Qué lo hizo tan diferente cómo para subir de nuevo a los altares de la fama, y por tantísimo tiempo? Pues, una vez más, la acción de aquellos que desde siempre han estado diseñando nuestro devenir. Era el momento de aprovechar el tirón mediático del chaval.

Nos hicieron a su imagen y semejanza, y nos conocen bien: el Ser Humano, no perdona si no olvida, y tenemos tanto que perdonarles.

Pero olvidar no fue suficiente. El Imperio romano había construido la estructura perfecta para el desarrollo de la Humanidad, pero fallaba una cosa: Su Fe aún daba por válidos aquellos peligrosos recuerdos que, heredados de Vedas, Annunakis, Egipcios y Griegos, hablaban de Hombres y Dioses coexistiendo, es más, de los segundos jodiéndole la vida a los primeros, y éstos buscando la forma de vengarse. (véase mito de Prometeo).

Aquellos recuerdos debían sublimarse de una vez por todas de la mente humana, convirtiéndose en puras invenciones de "gentes antiguas" que confundían las maravillas de la Creación (El Sol, la Tierra, los Planetas, la Luna, el Mar,..) con dioses y divinidades. Era el momento de un Nuevo Testamento.

Lo mejor era transmitir el sentimiento de culpabilidad que Ellos arrastraban, a la propia Humanidad; de éste modo nunca más les culparíamos, y no sólo eso, concentrarían toda su personalidad en Una Sola: Inocente, Todopoderosa, Omnipresente pero Invisible, Bondadosa y, Misericordiosa, es decir, capaz de perdonarnos por nuestro Pecado Original, y por cuantos cometiéramos en nuestra breve y calamitosa existencia. Eso sí al precio de no cuestionarla en ningún momento. Esa sería la Nueva Fe. Y el muchacho de Galilea, con su tradición semita (machista y troncal) y sus fantásticas ideas revolucionarias (inculcadas claro está) de un Padre Supremo Hacedor y Bondadoso, Perdonador y Recompensador con un Reino Celestial y Eterno, era la figura perfecta.

Para fijar el Mito y aumentar la subyugación de los nuevos creyentes, se les echó encima la culpa de su propio asesinato. El Thriller sicológico perfecto.

El cuento, por cierto bastante "gore", con el asesinato público del protagonista, su resurrección, su difusión a través de la Megared del Imperio Romano, con la fábula del socavamiento de los cimientos del Imperio; increíblemente sin la percepción de escombro alguno. El circo mediático con leones y gladiadores, y la no menos increíble conversión súbita de la cúpula del Imperio, ha seguido hasta nuestros días tratando de acallar, con más pena que éxito, y con bastante sufrimiento, una realidad que se nos niega constantemente: Los Seres Humanos somos hijos de los Dioses, pero no se nos hizo a su imagen y semejanza, si no para servirles de esclavos, y ahora se ocultan detrás de falsedades Monoteístas para no afrontar su delito.

Pero el problema mayor no es ese, la Humanidad, en su engaño permanente, y por su miserable subdesarrollo, se ve enfrentada por creencias sin sentido alguno. Si alguien no termina con el cuento acabaremos por exterminarnos los tres grandes pueblos contaminados por el semitismo: Cristianos, Musulmanes y Judíos. Quizá sea esa la última voluntad de nuestros creadores, aburridos de observar el culebrón repetitivo de una especie que ya no les sirve para nada.

Somos muchos los que, inmersos en la Cultura Cristiana, y no creyendo absolutamente nada sujeto a dogma de Fe, vivimos felices e incluso participamos de sus rituales sin sonrojo. El folclore une a los pueblos (fiestas de Moros y Cristianos), la religión los divide (las Cruzadas) ¿Por qué no hacemos a todos conocedores de nuestro éxito evolutivo?

Ha llegado el momento de descubrir a nuestros verdaderos creadores, para perdonarlos, para convivir con ellos si lo desean, o para olvidarlos; y para afrontar nuestro futuro como Especie con optimismo, y sin atajos de Fe.

MORALEJA: ¿Si le quitamos la Fe a las Religiones Semíticas, se quedarán vacías de contenido? Rotundamente, NO. Nos quedará nuestro sentido común, nuestra historia, nuestras tradiciones, nuestros mitos, nuestra estructura Social del Bienestar, desarrollada a lo largo de miles de años de ingenio humano.


No hay comentarios:

Publicar un comentario