jueves, 22 de agosto de 2013

Me voy y me quieren (1977).

Es tarde, demasiado tarde,
demasiados pasos hacia delante.
Siento como la última brisa
me dice, sin su sonrisa,
que no volverá a visitarme.
Veo, desde mi féretro engalanado,
como un perro asustado,
que en el horizonte de la calle,
ya ha cambiado su dulce talle
por un retorcido temor,
que en mí ha quebrado en olor.
Y es el putrefacto olor que me empieza a rodearme,
y si es mi cuerpo el difunto; ¿Por qué estuvo aquel perro a punto,
de por mí una lágrima soltar?

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