domingo, 22 de diciembre de 2013

Memorias de Metrópolis --El Apocalípsis y el "Yo" efímero--

Mirando de reojo al retrovisor, Ramón Jordán se deleitaba observando el reflejo incisivo del sol de invierno en sus gafas de sol nuevas y pensaba en el fabuloso premio que le acababan de otorgar; entonces oyó la noticia en la radio: "tras abandonar hace años la clonación terapeútica, científicos californianos estaban ultimando la tecnología necesaria para la clonación humana a partir de una técnica denomianada iPS, acrónimo en inglés de: Células Pluripotentes inducidas, y comprendió que la profecía del Apocalipsis, tardaría algún tiempo, pero acabaría por hacerse realidad y los muertos saldrían de sus tumbas. 

Más que temor al fin de los días, lo que sintió fue una sensación de desprecio hacia toda esa gente, los mismos estúpidos de siempre dispuestos a gastarse mucho más dinero del que tendrían alguna vez, para clonarse o clonar a cualquier ser querido o deseado, humano o no, de quién aún se pudiera recuperar suficiente masa genética, y así devolverlos de nuevo a la vida.


¡Por favor! A Ramón, sólo de pensarlo, se le revolvían las tripas. Se imaginaba sufriendo de nuevo a quienes se suponía no volvería a ver ni en cielo, ni infierno, pues en éstos no creía; por no hablar de aquéllos para quienes la muerte había supuesto una auténtica liberación propia o ajena. Por duro que parezca, si había algo, aparte de que la realidad de la muerte siempre sería injusta y dolorosa, que consideraba realmente justo y le reconfortaba, era la certeza de que nadie volvería jamás, y su convencimiento de que no hay vida póstuma, ni efímera, ni eterna.

Su airada reflexión le llevó a plantearse la siguiente situación futura: “y si algún día después de muerto, alguien se empeñara en resucitarle” ¿Cómo podría evitarlo? ¿Qué honestas o interesadas? ¿Qué claras u oscuras razones? podrían moverles a hacerlo. Empezó a pensar en ello y, mientras se tranquilizaba, Ramón imaginaba sus propios restos dentro de una incineradora, comenzó a tomar conciencia de que aquella espectacular y estúpida noticia podría influir en el resto de su vida. Puesta la posibilidad en el mercado ,¿quién le garantizaba que estaría libre del suplicio de la clonación?

No consentiría que su “yo” pudiera clonarse ¿Con qué derecho?; pero tras una muerte de las “normales”, en un entorno “normal” como el suyo ¿Como podría estar seguro que alguien no reservaría algún fragmento suficiente para su clonación? ¡No podía consentirlo! entonces decidió dedicar el esfuerzo suficiente para trazar un plan que le garantizase al cien por cien que se libraría de ese “infierno”. Sin saberlo acababa de inventar su propia religión, donde: el cielo, el nirvana, la perfección, era la consecución de la unicidad del YO efímero.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Reparando el Concepto de Democracia. Parte II -Huyendo hacia la frontera-

REPARANDO EL CONCEPTO DE DEMOCRACIA

Parte II                   -HUYENDO HACIA LA FRONTERA-

Al principio, la idea de que volvieran los pastores al día siguiente me atenazaba el estómago y me nublaba la mente, pero no tenía tiempo que perder. En cuanto me puse a trabajar, me sentí mejor. 
A pesar de que los desperfectos visibles desde fuera eran espectaculares y le daban al Concepto de Democracia un aspecto de chatarra inservible, ninguno de ellos era concluyente para que no funcionase. Así que decidí echarle un vistazo al motor. 
Me costó levantar el capó; estaba deformado, asqueroso y pesaba mucho más de la cuenta, debido a la gran cantidad de palomino que tenía acumulado; seguramente de los miles de palomas mensajeras utilizadas para traer sobres llenos de dinero negro hasta los despachos de políticos.
¡Uff! El motor estaba cubierto de polvo negro, mirándolo de cerca comprobé que se trataba de cenizas de papel, montones de documentos quemados que obstruían los tubos de entrada de aire nuevo, tan necesario para la correcta consecución de la Igualdad Social. Se trataba de documentos secretos comprometedores, lo supe porque aún quedaban algunos retazos a medio quemar donde se podía leer: “Sr. X ..toriza ……..vención GAL.” “….scala aero..erto Palm… …ntanamo” “.. implicados cr….....sser” “...moria histórica”
Cogí el aspirador y limpié a fondo el motor que, después de todo, no tenía tan mala pinta. Comprobé La batería  (el Fondo de Reserva), estaba al mínimo así que, le hice un puente al contador de la luz y la puse a recargar. Al fin y al cabo los bancos son los propietarios de las eléctricas y ellos se llevaron buenos bocados del Fondo de Reserva para sufragar sus deudas. Quien roba a un ladrón….
Una vez cargada la batería, le di de nuevo al contacto; el motor ni giró. 
<<--¿Qué hago ahora yo? –me pregunté, desesperado.>>
Tal vez no tenía combustible (el sector primario). En un país sin materias primas, por mucho que se quiera mantener en marcha la Igualdad Social, resulta imposible, enseguida aparecen los desequilibrios que acaban por detener la Democracia. Afortunadamente no era ese el problema, tal como me dijera el joven “progre” y rockero, el depósito de combustible de nuestra Democracia, una mezcla de agua, carbón, aceite de oliva, vino, leche, aceite de girasol, proteína de vaca y cordero, grasa de cerdo y harina de trigo sometido todo a la acción de la energía solar, estaba ligeramente por encima de la reserva; suficiente para llegar “a ralenti” hasta la próxima gasolinera (nuevo modelo productivo).
<<--Quizá sea la cadena de la distribución –pensé.>>
Pero no, paradójicamente ésta estaba nueva: una red de carreteras, autovías, autopistas, aeropuertos, puertos, etc… Garantizaban una perfecta distribución de los recursos y de la energía.
<<--¿Serán las bujías? –me pregunté.>>
En absoluto, el sistema eléctrico, a pesar de cierta caída de tensión (déficit tarifario), estaba renovado y funcionaba perfectamente, bien es cierto que, para mantener alta la tensión eléctrica en los sistemas “esenciales”, alguien había desconectado a algunos elementos periféricos supuestamente prescindibles (inmigrantes sin papeles, parados de larga duración, desahuciados y sin techo) como las luces traseras y la calefacción de la luna trasera, donde no llegaba la electricidad; pero en cuanto arranque el motor de la Igualdad Social, restableciendo las conexiones necesarias, la tensión se recuperará y el suministro eléctrico llegará a todos por igual.
Sólo me quedaba por comprobar el carburador, en él se lleva a cabo la mezcla del combustible con el aire puro.
Desmonté el carburador y, ¡Oh sorpresa! Alguien había metido dentro un montón de papeles con extraños símbolos religiosos que obstruían el paso del aire.
<<--¿Cómo iba a funcionar con toda esta porquería dentro? –pensé.>>
Volví a intentar arrancar, pero nada, ni se movió.
Tenía pinta de ser el motor de arranque (los Políticos). Lo desmonté y encontré que también estaba hecho una mierda. Todo lleno de “grasa” (dinero negro) y “polvo” de escobillas (marihuana, crak y cocaína) hasta un condón usado enroscado en el rotor. ¡Qué asco! Pensé en limpiarlo, pero desistí, aquello ya no admitía limpieza, era hora de una renovación integral. Fui al almacén buscando un motor nuevo, tenía varios, pero todos: made in germany, made in USA, made in China ¡horror! made in Italy.
Nada fabricado aquí, aunque, después de lo visto, casi mejor. Pero no podía poner un motor de arranque extranjero, aunque alguno de ellos fuera bueno, mi conciencia me lo impedía. Entonces, se me ocurrió algo genial.
Eran las siete de la mañana, estaba amaneciendo y los propietarios del Concepto no venían. Mis queridos vecinos, preparados para ir a trabajar o a buscar trabajo, ya se oían trastear en los pisos sobre el taller, entonces, les llamé y les pedí a ellos que me ayudaran a empujar.
Dos parados, un barrendero, un profesor de instituto, una enfermera, un camarero y yo, empujamos como posesos el pesado Concepto de Democracia por nuestra calle, cuesta arriba, pues hacia la parte baja ya se oía la “esquilada” del rebaño afeitado que, fiel a su promesa, venía a comprobar mi trabajo. 
Con la caja de cambios (moneda exterior) en segunda, empujamos con todas nuestras fuerzas. El vehículo, grande como una furgoneta pesaba muchísimo, y la cuesta parecía no acabar nunca. Los perros pastores al vernos, se dirigieron hacia nosotros gritando como fieras, si nos alcanzaban sería nuestra perdición y la de nuestra querida Democracia. Al fin, el escape petardeó un par de veces, salieron varias nubes de humo negro, una blanca enorme y, de pronto, arrancó.
De un salto me metí dentro, me puse al mando de nuestro querido Concepto de Democracia y pisé a fondo el acelerador.
De pronto caí en la cuenta de la situación en la que dejaba a mis queridos convecinos, así que, dí un frenazo, rascando la caja de cambios, puse marcha atrás y volví a buscarlos.
--Vamos entrad, ¡deprisa! ¡Si os cogen os devorarán! –les grité.>>
Sin dudarlo, se metieron todos de un brinco en la furgoneta, justo a tiempo de esquivar los mordiscos de los perros y las piedras lanzadas con onda por los pastores.
Con un motor sin arranque, ni luces traseras, el depósito en reserva y sin carnet para conducir Conceptos tan pesados como la Democracia, huimos a toda velocidad en busca de un lugar donde repostar, conseguir un motor de arranque nuevo y un Gobierno con carnet legítimo que condujese la Democracia. Instintivamente me dirigí al norte, hacia la frontera.
Continuará…

Reparando el Concepto de Democracia. Parte I -Apertura del Taller de las Acepciones-

EL TALLER DE LAS ACEPCIONES Y LOS CONCEPTOS by Phineas Theron

REPARANDO EL CONCEPTO DE DEMOCRACIA

Parte I                      -APERTURA DEL TALLER DE LAS ACEPCIONES-

Ha sido abrir la puerta y ya tengo un cliente, y es VIP: un Concepto de Democracia ya entradito en años. 

Lo acaban de meter empujando cuatro progresistas maduros muy preocupados, alarmados diría yo. 
--Pasábamos por aquí y nos acaba de dejar tirados en su mismísima puerta. Mire que puede hacer con él –me dijo resollando el más viejo, que vestía chaqueta marinera sobre camisa hawaiana, y lucía abundante melena ondulada y canosa, asomando de una gorra de lona azul.
--¿No será que no le han puesto combustible? –les dije sonriendo, al verles tan apurados.
Mi comentario jocoso no les hizo no pizca de gracia.
--No. No tiene el depósito lleno, pero para el trayecto que nos queda, es más que suficiente –me corrigió serio el más joven, sin quitarse sus gafas oscuras, y sin sacar las manos de los bolsillos de su chupa de cuero negro-.  Por favor haga algo, lo necesitamos con urgencia –añadió.
--Veré que puedo hacer –le dije, mostrando sincero interés.
--¿Podrá arreglarlo hoy? –me preguntó otro, que era mujer, alta, muy delgada, y vestía a lo “Garbo”.
-- ¿Cómo quiere que lo sepa, señora, si todavía no sé lo que le pasa? –le contesté, tan cortés como pude.
--¿Habéis oído eso? –exclamó, otro bajo y regordete, mientras ajustaba nervioso sus gafitas redondas de pasta-. ¡Ya vienen! –concluyó, aterrado.
--¿Quién viene? –les pregunté, muy intrigado-. ¿No lo habrán robado?
--No, no; no es eso. Créame señor –me dijo el más viejo, y le creí.
--Por favor, cierre la puerta del taller –me suplicó la mujer, y le obedecí.
Mientras cerraba, vi aparecer al principio de mi calle algo insólito: un rebaño de ovejas blancas recién esquiladas, pastando en un prado azul oscuro que se deslizaba sobre un entramado de botas negras relucientes. Las ovejas no iban solas, varios pastores, de los que sólo veía blandir sus cayados al aire, las guiaban y un par de perros guardianes las mantenían a raya dando saltos y ladrando. Asustado, cerré el portón, y eché la llave suavemente, sin hacer ruido.
--¿Qué ocurre? –les pregunté susurrando.
--Vienen buscándonos para arrebatárnoslo y llevarlo al desguace –me informó el bajito intelectual.
--Hombre, y razón no les falta. La verdad es que este Concepto está en un estado lamentable -les dije, mientras le echaba un vistazo por encima.
--Sí, pero sin él, los más viejos y los desfavorecidos no podremos ir a ninguna parte –me dijo el anciano canoso, rascándose la cabeza bajo la gorra.
--Eso no es así –le corregí-. Ahora hacen unos modelos de Concepto de Democracia muy cómodos y manejables –les informé.
--Usted… ¿Arregla Conceptos, o los vende? –me preguntó el joven, muy irritado.
--Arreglo, arreglo –afirmé, algo avergonzado.
-- Mire joven –añadió el gafotas erudito y barbudo, con tono de profesor universitario-, esos modelos a los que usted se refiere, sólo están al alcance de unos pocos privilegiados. Lo que esos de ahí fuera buscan, es el motor de nuestra Democracia para hacer con él un camión en el que transportar a su rebaño.
--¿El motor de la Democracia? –pregunté, muy intrigado.
--La Igualdad Social –me informó el anciano.
Dicho esto, sonaron dos golpes secos en la puerta de chapa de mi taller recién inaugurado.
--¡Joder! ¡Nos han encontrado! –susurró la señora-. ¿Tiene otro lugar por el que salir de aquí? –añadió.
--Sí, pero antes ayúdenme a esconderlo en ese cuarto de ahí.
Metimos corriendo la antigualla en el laboratorio, la ocultamos tras una lona y les acompañé apresurado hasta una puerta que da a otra calle y que, afortunadamente, permanecía desierta.
--Volveremos esta noche –me dijo el más joven, mientras salía.
--Por favor trate de arreglarlo, y, si por cualquier circunstancia no volviéramos, haga lo que pueda pero no deje que ellos lo encuentren –me advirtió el anciano-. Trate de devolverlo al pueblo llano, pues le pertenece legítimamente  –me rogó después.
--Oiga, ¿dónde quieren esos pastores llevar a su ganado? –le pregunté, antes de que se marchara.
--Al matadero hijo mío, al matadero –me dijo muy triste, y se alejó apresurado.
Hasta cuatro veces más golpearon antes de que yo abriera. Abrí la puerta y me encontré de frente a dos pastores rudos y fornidos apoyados en sus cayados, tras de ellos el rebaño esperaba balando impaciente. Los perros, acostumbrados a moverse a sus anchas, no esperaron mi permiso y se metieron en el taller pasando entre mis piernas. 
--Buenas, ¿arreglan aquí Conceptos? –me preguntó uno de los pastores.
--Sí Señor: Conceptos y Acepciones –le contesté simpático-. ¿Tienen alguno para reparar? –le pregunté, falsamente interesado.
--No es el caso, pero nos gustaría ver como los arregla. ¿Podemos pasar?
--Por supuesto, pasen; pero le informo de que todavía no tengo ninguno en el taller, pues precisamente voy a abrir mañana –le mentí.
--Día de Santa Lucía. Buena fecha para abrir un negocio, en estos tiempos le hará falta buena vista para ver venir las oportunidades.
--Desde luego que sí –asentí.
Me aparté invitándoles a pasar, pero como los perros no indicaban nada, pues, o llevaban mucho tiempo sin oler la Democracia o quizá ni sabían a que olía, el pastor sólo metió su cabeza, miró de lado a lado y dijo:
--Mejor volveremos mañana, a ver cómo le va el negocio.
--Como quieran. Aquí les estaré esperando –dije, sonriendo.
No dijeron ni adiós. Esperé saludando a que se alejaran y luego me encerré en el taller.
Me senté en mi despacho. El corazón me iba a cien y tardé un buen rato en reaccionar. En cuánto me recuperé, corrí al laboratorio y desvelé la Democracia, no tenía tiempo que perder.


Síntomas:
Desgaste superficial: fruto de estar mucho tiempo aparcado en la calle y expuesto a la intemperie. Seguramente en su garaje habrán guardado alguno de esos Conceptos más nuevos y lujosos que tanto gustan a la Clase Media, como el Neo-liberalismo y el Neo-feudalismo Empresarial.
Daños por vandalismo: abundantes erosiones y abolladuras producidas por conductores borrachos que han colisionado con Conceptos tan peligrosos como el Neo-nacionalismo, el Independentismo, o la Alianza de Civilizaciones.
No arranca: seguramente porque le faltan multitud de piezas perdidas en las colisiones, y empeñadas para pagar los fastos justificados con la escusa de mantener una falsa Paz Social.
...
<<--¿Seré capaz de arreglar esto? ¿Tendrá arreglo? –me pregunté, desolado.>>

sábado, 14 de diciembre de 2013

Neonacionalismos

... ¡Hay! ¡Esos países de fábula hiperbórea! que escuchan de charlatanes mesiánicos, cuentos de gigantes furiosos que los tomaron entre sus manazas, arrugándoles hasta convertirlos en pequeñas regiones recónditas y montañosas, y andan desesperados buscando su grandeza perdida entre los pliegues de la mitología, pues no la saben encontrar entre las páginas de la historia real...