domingo, 22 de marzo de 2015

¡Se acabó el cuento!

Todo cuento tiene su moraleja.

Ha llegado el momento de terminar de contar la del cuento más largo jamás contado, el de las religiones monoteístas semíticas.

El cuento que yo me conozco, comenzó con un niño tan pobre que, por no tener, no tenía ni padre biológico, que nació emigrado y rodeado de bestias en un pesebre, pero que por capricho del destino pasó a ser "Trending-Topic" al cruzarse su nacimiento con el despliegue mediático de una caravana de Al Jazeera que seguía el devenir de una estrella errante, anunciada tiempo atrás por Astrónomos Orientales. 

La noticia recorrió Oriente Medio como un reguero de pólvora:

"La Estrella deja su mensaje: Niño semita de buena familia y madre soltera, nace en un pesebre por culpa de la ocupación imperialista. !Esto no puede seguir así¡"

Muchos fueron los grupos de resistencia activa que utilizaron este suceso para seducir acólitos pero, como suele ocurrir, pasado el momento informativo, del muchacho nada más se hubiera vuelto a saber, si no hubiera sido por que con el devenir de los años fue haciéndose fama de profesar una ideología que chocaba frontalmente con el Sistema establecido, tanto el Local como el Multinacional Imperialista, que coexistían en Galilea perfectamente engranados y engrasados por la oleosa presencia de la corrupción. Nada nuevo ni original. Situaciones cómo aquella, e individuos así son una constante. ¿Qué lo hizo tan diferente cómo para subir de nuevo a los altares de la fama, y por tantísimo tiempo? Pues, una vez más, la acción de aquellos que desde siempre han estado diseñando nuestro devenir. Era el momento de aprovechar el tirón mediático del chaval.

Nos hicieron a su imagen y semejanza, y nos conocen bien: el Ser Humano, no perdona si no olvida, y tenemos tanto que perdonarles.

Pero olvidar no fue suficiente. El Imperio romano había construido la estructura perfecta para el desarrollo de la Humanidad, pero fallaba una cosa: Su Fe aún daba por válidos aquellos peligrosos recuerdos que, heredados de Vedas, Annunakis, Egipcios y Griegos, hablaban de Hombres y Dioses coexistiendo, es más, de los segundos jodiéndole la vida a los primeros, y éstos buscando la forma de vengarse. (véase mito de Prometeo).

Aquellos recuerdos debían sublimarse de una vez por todas de la mente humana, convirtiéndose en puras invenciones de "gentes antiguas" que confundían las maravillas de la Creación (El Sol, la Tierra, los Planetas, la Luna, el Mar,..) con dioses y divinidades. Era el momento de un Nuevo Testamento.

Lo mejor era transmitir el sentimiento de culpabilidad que Ellos arrastraban, a la propia Humanidad; de éste modo nunca más les culparíamos, y no sólo eso, concentrarían toda su personalidad en Una Sola: Inocente, Todopoderosa, Omnipresente pero Invisible, Bondadosa y, Misericordiosa, es decir, capaz de perdonarnos por nuestro Pecado Original, y por cuantos cometiéramos en nuestra breve y calamitosa existencia. Eso sí al precio de no cuestionarla en ningún momento. Esa sería la Nueva Fe. Y el muchacho de Galilea, con su tradición semita (machista y troncal) y sus fantásticas ideas revolucionarias (inculcadas claro está) de un Padre Supremo Hacedor y Bondadoso, Perdonador y Recompensador con un Reino Celestial y Eterno, era la figura perfecta.

Para fijar el Mito y aumentar la subyugación de los nuevos creyentes, se les echó encima la culpa de su propio asesinato. El Thriller sicológico perfecto.

El cuento, por cierto bastante "gore", con el asesinato público del protagonista, su resurrección, su difusión a través de la Megared del Imperio Romano, con la fábula del socavamiento de los cimientos del Imperio; increíblemente sin la percepción de escombro alguno. El circo mediático con leones y gladiadores, y la no menos increíble conversión súbita de la cúpula del Imperio, ha seguido hasta nuestros días tratando de acallar, con más pena que éxito, y con bastante sufrimiento, una realidad que se nos niega constantemente: Los Seres Humanos somos hijos de los Dioses, pero no se nos hizo a su imagen y semejanza, si no para servirles de esclavos, y ahora se ocultan detrás de falsedades Monoteístas para no afrontar su delito.

Pero el problema mayor no es ese, la Humanidad, en su engaño permanente, y por su miserable subdesarrollo, se ve enfrentada por creencias sin sentido alguno. Si alguien no termina con el cuento acabaremos por exterminarnos los tres grandes pueblos contaminados por el semitismo: Cristianos, Musulmanes y Judíos. Quizá sea esa la última voluntad de nuestros creadores, aburridos de observar el culebrón repetitivo de una especie que ya no les sirve para nada.

Somos muchos los que, inmersos en la Cultura Cristiana, y no creyendo absolutamente nada sujeto a dogma de Fe, vivimos felices e incluso participamos de sus rituales sin sonrojo. El folclore une a los pueblos (fiestas de Moros y Cristianos), la religión los divide (las Cruzadas) ¿Por qué no hacemos a todos conocedores de nuestro éxito evolutivo?

Ha llegado el momento de descubrir a nuestros verdaderos creadores, para perdonarlos, para convivir con ellos si lo desean, o para olvidarlos; y para afrontar nuestro futuro como Especie con optimismo, y sin atajos de Fe.

MORALEJA: ¿Si le quitamos la Fe a las Religiones Semíticas, se quedarán vacías de contenido? Rotundamente, NO. Nos quedará nuestro sentido común, nuestra historia, nuestras tradiciones, nuestros mitos, nuestra estructura Social del Bienestar, desarrollada a lo largo de miles de años de ingenio humano.


domingo, 22 de febrero de 2015

CRÓNICAS AFRICANAS. Capitulo II -Annobón. Entrar en África por la puerta "gatera"-

La primera en la frente.

En cuanto bajé del avión, comenzó mi aventura africana. Al mosqueo inicial del inesperado perfil "redondeado" de la isla de Bioko, con un enorme cráter "redondo" y lleno de agua negra en su centro, que me dio la impresión de que había huido de "Rotonda" para acabar en "Redonda", le sumé el bofetón de calor húmedo que recibí en cuanto comencé a bajar la escalerilla del McDonnell Douglas MD-80; pero eso no fue lo peor.

No me extrañó que el resto del pasaje, en su totalidad de raza negra, me despertara en medio de un gran alboroto pocos minutos antes de aterrizar; claro que, como todos hablaban en bubi, o, fang, yo no entendía absolutamente nada. 

<<Deben llevar meses reprimiendo su lengua materna. Será la alegría de volver a casa.>> pensé

Me esforcé en sentir lo mismo. Después de más de tres millones de años de evolución malograda, el Australopithecus Afarensis, al fin volvía a casa.

Jubiloso por encontrarme ante la Puerta de África, me regocijé de mi suerte y, sin tiempo que perder, ni más equipaje que mi mochila, me apresuré a cruzar el pequeño hall de la minúscula terminal en busca de un taxi que me llevara al Hotel Candy de Malabo. Sería mi primer alojamiento programado, al fin y al cabo necesitaría un periodo de adaptación; a partir de ahí todo sería improvisado, y propio de un viaje sin retorno.

No me extrañó que mis, hasta ese momento, compañeros de viaje, pasaran olímpicamente de tener prisa. Todos ellos, sin excepción se sentaron desganados en las sillas del hall, eso sí, el alboroto seguía.

<<Ese espíritu de tranquilidad y sosiego es el que tenemos que recuperar los blancos. Esta gente sí que sabe vivir>> pensé, y ralenticé sólo un poco mis pasos, a la vez que me decía: <<si hay algún taxi, será para mí.>>

No había ningún taxi; sólo una camioneta de aspecto militar, aparcada junto a una jardinera de madera en la que, un "lugareño" sentado, hacía las veces de planta color caqui.

Extrañado y desolado, me dí la vuelta para ver si algún viajero había terminado de "reposar" del viaje, y seguía mis pasos. Nada. Todos permanecían dentro. Entonces, me dirigí al "lugareño", y le pedí información en español:

- Buenos días. ¿No hay ningún taxi?

- Buenos días Señor -me saludó atento en perfecto español, y me informó-: hoy no, sólo vienen cuando aterrizan aviones.

- ¡Cuando aterrizan aviones! -exclamé incrédulo, y añadí-: ¿cómo supone que acabo de llegar yo?

- ¡Ah! ¿Ése? Ése no importa -me dijo displicente.

- ¿Cómo que no importa? -le pregunté extrañado.

- No. Ése no viene.

- ¿No viene? ¿Me está tomando el pelo? -le pregunté ya algo irritado.

- No viene aquí. Ése va a Malabo.

- ¿A Malabo? ¡Esto es Malabo! -le grité.

- No Señor. Esto no es Malabo. Esto es San Antonio de Palé.

- ¿San Antonio...? No sabía que la isla de Bioko tuviera dos aeropuertos.

- ¿Bioko? Usted no está en Bioko, está en la isla de Annobón, amigo. Éste es el aeropuerto de Annobón, en la ciudad de San Antonio de Pale.

- ¿Qué es esto? ¿Una broma de mal gusto que les gastan a todos los visitantes blancos? -le pregunté, ya de mal aire.

El tipo, que realmente era un militar, se levantó de su asiento ornamental, y se acercó hacia mí. Esto me hizo sentir bastante intimidado, pero el fulano, lejos de enfadarse se echó a reír.

- Ya veo que no se ha enterado. El avión ha tenido que desviarse de su ruta porque en el Golfo de Guinea hay una fuerte tormenta. Por eso ha tenido que venir hasta aquí para aterrizar. El aeropuerto de los "Tongas" (luego supe que se refería a los de la Isla-País de Santo Tomé y Príncipe) no vale para estos aviones. Gracias que en Guinea tenemos esta isla, si no ya les veía a la deriva, o lo que es peor, aterrizando en Libreville.

- No lo puedo creer -dije estupefacto, pues era evidente que aunque la tripulación seguramente avisó; yo, dormido, no me enteré.

- Pues mírelo Usted mismo -me respondió, invitándome a mirar la parte superior del porche del aeropuerto.

Sobre el porche moderno, ingeniosamente construido con vigas entrecruzadas de madera, se leía claramente: 

AEROPUERTO DE ANNOBON

- ¿Annobón? ¿Y dónde se supone que está esto?

- A unos seiscientos kilómetros al suroeste de Malabo. Pero no se preocupe: repostarán, y en cuanto haya disipado la tormenta, les llevarán allí.

- ¿Y, cuando podrá ser eso?

- Quién sabe, quizá en unas horas, quizá dentro de dos días.

- ¿Dos días?

- Bueno, eso en el peor de los casos. ¿Tiene mucha prisa?

- No, la verdad es que no tengo ninguna prisa -dije, tras reflexionar.

- Bueno, pues acomódese, ya va subiendo el Sol; al menos ahí dentro estará a la sombra.

- Muchas gracias -le agradecí al buen hombre, y dirigí mis pasos hacia la algarabía del hall.

- ¡Bienvenido a África amigo! -me saludó amable, levantando su gorra con la mano.

Ya estaba en África, había entrado por la puerta "gatera", pero no importaba; es más, mejor así.

viernes, 20 de febrero de 2015

CRÓNICAS AFRICANAS. Capitulo I: Malabo, Puerta de África



Amanece, y desde la ventanilla del avión observo una Tierra Nueva: la isla de Bioko. ¡Joder! ¡Es bastante Redonda! Y tiene extrañas formaciones circulares; eso me inquieta, no lo esperaba. 



La bruma matinal se disuelve en segundos evaporada por el amanecer ecuatorial. Ya adivino el aeropuerto de Malabo. ¿Aeropuerto? No, puerta, la "Puerta de África".


Continuará...



VAGABUNDO: - Rotonda desde el aire- CAPÍTULO XI Y ÚLTIMO.

Desde la ventanilla del avión, Rotonda, azotada por el frío y cubierta de nieve, parece una cebolla partida por la mitad, con sus múltiples capas blancas y jugosas, y su corazón ligeramente verdoso, en cuyo centro ya apenas se adivina el minúsculo Agujero Negro que acabará por devorarla completamente. 

Las cebollas partidas siempre me han hecho llorar. Lloro, pero mis lágrimas ya no riegan la tierra exhausta de Rotonda; no lo harán nunca más; ahora vuelan hacia el campo lejano donde un día brotara la semilla de la Humanidad.

Dejo Rotonda. Oiré los cantos de sus sirenas en sueños y despierto, pero no volveré a verla jamás, como no volvieron las oscuras golondrinas en cuanto se aprendieron nuestros nombres verdaderos:

- ¿Armonía? No, Amenaza.
- ¿Sostenibilidad? No, Expoliación.
- ¿Respeto? No, Invasión.
- ¿Naturalidad? No, Artificio.

Porque yo también me he aprendido nuestros nombres auténticos: 

- ¿Sabiduría? No, Fe.
- ¿Cultura? No, Costumbre.
- ¿Fraternidad? No, Tiranía. 
- ¿Libertad? No, Esclavitud. 
- ¿Igualdad? No, Exclusión.

...

¡No volveré! Dejaré que la tierra africana absorba hasta el último humus de mi Existencia para que un día, aún muy lejano, nazca de ella la Cosecha Nueva .

Ha comenzado el Principio de otra Oportunidad. Mis pies de Vagabundo dejarán de dar vueltas sin sentido en torno a Rotonda, echarán raíces en esa tierra roja que dio color a nuestro único elemento común: nuestra Sangre.

Definitivamente dejo atrás a mi madre adoptiva y a mis tres hermanas. En realidad, hace tanto tiempo que las abandoné que, ya ni lo lamento; o fueron ellas las que me abandonaron a mí, ya no lo recuerdo. Más sentiré la ausencia de esos buenos amigos que en los peores momentos de penuria me ayudaron a salir adelante en mi querido Reyno de Rotonda. No fueron muchos, fueron poquísimos; bueno, lo cierto es que fueron sólo tres: Manuel, el anciano siempre joven; Phineas, el novelista novel, y su esposa adorable, Martha. De estos últimos siempre guardaré el mejor recuerdo, y la radio de "cuerda", que cada noche llena de calurosa compañía las horas frías de mis noches de vagabundo.

--¿Estás seguro de lo que vas ha hacer? -me preguntó Martha antes de darme un abrazo fuerte y maternal, en la terminal del aeropuerto.

--Completamente. He tenido tiempo para pensarlo. Después de cientos de vueltas a Rotonda, y miles a mi cabeza, estoy seguro de que esta es mi misión -le respondí, sonriendo para tranquilizarla.

--Tío, me das vértigo, pero es el mismo vértigo que siempre me han dado las alturas, si no fuera por eso hubiera sido alpinista. ¡Qué envidia! Cuídate -me dijo Phineas.

--Y Tú, cuida de esta mujer, amigo -le dije al oído, abrazado a él, y algo celoso de su suerte.

--No te olvides de escribir -me pidió Phineas.

--Descuida, lo haré. Y tú cuenta, cuanto te cuente. Haz que llegue a todo el Mundo -le rogué yo.

--No me dejaré detalle -me prometió.

--Martha, Phineas, sois geniales; no os olvidaré nunca. Gracias -les di un beso, y me embarqué.

...

Han pasado varias horas, no sé cuántas, la tiranía redonda de mi reloj de pulsera quedó sepultada en una papelera de la Avenida de la Constitución de la, ahora lejana, Rotonda.

Amanece, y desde la ventanilla del avión observo una Tierra Nueva: la isla de Bioko.

Termina VAGABUNDO y comienzan las CRÓNICAS AFRICANAS de Israel Jordán (Rey abdicado de Rotonda).

martes, 10 de febrero de 2015

El gusano Pin


Una vez existió un país llamado Moréria, donde vivían dos hadas: Luz, un hada buena, y Rufa, un hada malvada.

Todo iba bien en Moréria, porque el hada Luz, se encargaba de que Rufa no hiciera nada que estropeara demasiado la tranquilidad de sus habitantes. Para ello, se valía de su Magia más poderosa.
Un día, que la niebla inundó la campiña; mientras Luz dormía, Rufa aprovechó para robarle el cofre donde guardaba su Magia. Cuando levantó la niebla, Luz despertó y se asustó mucho al comprobar que le habían robado. Enseguida sospechó de Rufa, así que fue a verla. Ésta, que no negó su mala acción, le dijo con prepotencia:

Incapaz de hacerle frente, Luz volvió desesperada al bosque donde vivía. Al encontrarse a sus amigos, rompió a llorar.

Al verla tan triste, extrañados, todos los ciudadanos del bosque de Moréria la rodearon, preguntándole qué le pasaba.

Tras enjugarse las lagrimas con una bolita de algodón, Luz les explicó lo ocurrido:

Y tenía razón. Llevaron a Rufa vestidos preciosos: de lino, de algodón, de lana; pero ninguno le gustó.

Mientras tanto,  en el Gran Bosque de las Moreras, y ajeno a estas tribulaciones, vivía Pin, el gusano de seda. Se encontraba casi siempre solo y un poco triste, porque le hubiera gustado ser pájaro y poder volar; así que estaba de continuo soñando con ello. Oculto tras las hojas de morera, disfrutaba mirando a los pájaros volar de rama en rama, de árbol en árbol.

Para mitigar su tristeza, Pin fabricaba metros y metros de hilos de seda que amontonaba en ovillos.
Un día, un ave lo descubrió en su escondite, Pin se quedó paralizado del susto. El pájaro en lugar de comérselo le dijo:

Pin le mostró el último ovillo que había tejido. La paloma tiró del hilo con su pico, sacando un buen trozo.

Y marchó volando hacia el cielo, con el capullo en el pico.

Dos días después, una bandada de doscientas palomas mensajeras volvió a la morera de Pin.

Dicho y hecho, en pocos minutos el tesoro de Pin estaba vacío y una bandada de doscientas palomas desaparecía en el cielo con un ovillo en cada pico, y otros dos en cada pata.

Con la seda de Pin, Aracnia, la hilandera, tejió el retal más hermoso que Clotilde viera jamás. La Modista cosió con él un vestido blanco precioso, el más bonito que alguien viera antes en Moréria.

Al fin Luz, ingenua e ilusionada, le llevó el vestido a Rufa; ésta, al verlo dijo:

Luz volvió con sus vecinos, desconsolada, y sin magia. Sólo quedaba un día.

Eso lo arreglo yo rápido –afirmó Betún, el pájaro carbonero, y añadió–: dadnos ese vestido –Luz, desesperada, se lo entregó.

Al día siguiente, Betún y sus amigos trajeron volando el vestido; sólo que ahora, en vez de blanco inmaculado, era negro azabache.

Luz, desanimada y sin esperanza de éxito, llevó de nuevo el vestido a Rufa.

Luz, no se lo pensó dos veces, tomó su cofre y salió corriendo de la gruta de Rufa. Aún no había llegado a la salida, cuando la oyó gritar arrepentida al fondo de la galería:

Ya de vuelta a su casita del bosque, Luz, en presencia de todos sus amigos, acariciaba feliz el único ovillito de seda que había sobrado; entonces, le preguntó a la paloma:

Entonces, Luz, abrió su Cofre de la Magia, sacó de él su pequeña varita mágica y, mientras decía unas palabras hermosas e incomprensibles para todos los presentes: giró tres veces la varita en el aire, y luego dio un toque apenas perceptible sobre el ovillito, que por un momento brilló como si fuera de oro.

La paloma voló al árbol donde vivía Pin, le contó las Buenas Noticias, le dio las gracias en nombre de todos, y le pidió lo que el Hada le había dicho.

Pin, contento del éxito de su seda, obedeció a la paloma sin poner objeciones, y esa misma noche, se envolvió con aquél ovillo de seda formando con él un capullito, y se dispuso a dormir.

Pin durmió tan a gusto, que lo hizo durante diez días; cuando al fin se despertó, abrió el capullo y, cuando el Sol dio sobre él, mirándose en el espejo del río, descubrió que el hada Luz le había hecho el mejor de los regalos posibles, Pin se había convertido en una hermosísima mariposa blanca, y lo mejor de todo: podía VOLAR.

viernes, 6 de febrero de 2015

VAGABUNDO X -Adiós a Rotonda-


Rotonda no es el Jardín del Eden, si no la patria distópica de los náufragos de nuestra Sociedad. Por mí, perdida en su memoria narcotizada por el agrio fermento de su dulce esperanza podrida, puede seguir vacía y olvidada por tanto tiempo como la casualidad desee. Mientras tanto, atado al mástil de mi comodidad, escucho en la noche cantos de sirenas de destellantes rojiazules, y la observo tan atraído como receloso: imaginándome vagabundeando por sus praderas verdes, buscando la atención de una juventud que ya no escucha a sus ancianos, o miccionando penitente entre los setos; y me aterrorizo pensando: <<ese no sería mi peor destino, el peor sería que en lugar de ser yo el náufrago, lo fuera alguno de mis hijos>>.

Quizá la Humanidad lleva varios centenares de miles de años caminando por un sendero, no quiero decir equivocado, si no errado. Errados son los pasos que no conducen a ningún sitio, acaso a girar, una y otra vez, en torno a un espacio finito, el Paraíso. La Humanidad, embarcada en sus distintas Civilizaciones, gira y gira como el asno que acciona la noria para sacar mucha más agua de la que necesita para subsistir, ¿por qué lo hace? Mejor dicho: ¿para quién lo hace?

Después de más de medio siglo dándole vueltas al asunto, y dos años navegando alrededor del Reyno de la Isla de Rotonda: observando sus costas, sus paisajes, sus pobladores, sus costumbres, sus virtudes, sus pecados, sus riquezas y sus miserias; ahora que ha sido abandonada por la Gracia de su Monarca, he comprendido que así no voy a ninguna parte, y que nuestra Civilización, embarcada en esos grandes buques que son las Culturas, tampoco.

La Historia se repite una y otra vez. La fuerza centrípeta de la fe mantiene atadas las Culturas al centro geométrico de las Creencias Ancestrales; cada Una tiene el suyo, y cuando en su rotación interfieren entre sí dos o más Culturas, el choque es brutal: unas se hunden, otras son abordadas; algunas juntan tripulaciones con ansias de supervivencia, y por un tiempo mantienen una engañosa "calma chicha". Al final unas pierden, otras ganan, y vuelta a empezar.

Las tres grandes Culturas Monoteístas, como derviches extasiados, están creando con su vertiginoso giro exponencial, un torbellino en cuyo centro se ha abierto un finísimo Agujero Negro que lo engulle todo: la Libertad, la Igualdad, la Fraternidad, las almas de todos los que estamos a su alcance, y las de aquellos pobres desdichados que, atraídos por la irresistible abducción del pozo sin fondo, acaban aplastados contra el filtro metálico de las fronteras adornadas de concertinas, o engullidos con sus "pateras" en el sumidero Oceánico.

El Océano que rodea Rotonda es inmenso, ¿por qué he de pasar el resto de mi existencia dándole vueltas a una isla desierta luchando contra la corriente para evitar que me haga desaparecer para siempre? 

Ha llegado el momento de apuntar proa hacia el horizonte.

Desplegar el velamen no sirve, el viento arremolinado impide escapar de los farallones rocosos de la Costumbre y la Comodidad, que nos encierran. Remar tampoco es la solución, casi nadie consigue vencer la corriente. 

La solución es ponerse alas y echar a volar, pero no como el malogrado Ícaro, si no como el previsor Dédalo, un vuelo lo suficientemente alto como para escapar del tornado, pero no tanto como para sufrir el efecto abrasador del Sol  

Hay que escapar volando, pero... ¿En qué dirección?

Israel, el Rey de Rotonda ha encontrado la suya.

Me lo dijo un momento antes de tomar su avión:

--Amigo Phineas, si la laberíntica espiral en la que nos encontramos tiene su salida en un Agujero Negro, para escapar hay que ir a la entrada, al principio del sendero ensortijado; hay que volver a la Madre, hay que regresar a ÁFRICA.

viernes, 30 de enero de 2015

LA LLAMA ETERNA: Relato XLV - Los tres “Ratas” -

 Texto extraído íntegramente del programa de RNE: "Sinfonía de la Mañana", por Martín Llade.

   La Puerta del Sol, estaba a rebosar aquella tarde de enero, cada uno en su respectivo puesto, las manos hundidas en sus abrigos; contemplaban el trasiego del paisanaje humano, con aparente indiferencia.

“El Piñata”, se encontraba frente a la Casa de Correos; “Canovitas”, en la parte que da a la Plaza Mayor; mientras que “Gurriato”, controlaba la zona a los parroquianos que se dirigían a la misa en “El Buen Suceso”.

Había helado, y el pavimento deparaba desagradables sorpresas a los viandantes; por ejemplo, a una ancianita que resbaló y punto estuvo de dar con sus huesos en el suelo; “Gurriato”, la sujetó a tiempo, a lo que la anciana replicó con un agradecido encogimiento de hombros.

“El Piñata”, miró la hora en el reloj de la Casa de Correos; pronto se haría de noche, y era menester ir pensando en la retirada. Abandonó su puesto, e hizo señas a los otros, que se le acercaron, arrastrando sendas cortinas de vaho emergiendo de sus bocas.

Y, comprobando que no estuviese cerca ningún miembro de la “Respetable”, sacó de su bolsillo una abultada cartera, y un reloj que, o les engañaba la cetrina luz del atardecer, o… ¡era de oro!

Se frotaron los ojos, y “El Piñata” le hizo señas de que volviera a esconder aquello; al menos el reloj.

Y examinó la abultada pieza, trabajada en oloroso cuero. Una labor de artesanía, sin duda alguna. La abrió con la misma delicadeza con la que hubiese abierto un paquete de regalo, y examinó su contenido.

¡Billetes de los grandes! Ya tenía pensado lo que hacer con ellos: se iba a comprar un traje de pana, para llevarlo los domingos al Retiro con su moza, “La Carracuca”; así, vestidos ambos de gente honorable, podrían hacer su “agosto” en aquel crudo invierno.

“El Piñata”, siguió examinando la cartera, donde encontró una fotografía, una carta, y un documento acreditativo de la identidad del “desplumado”; al ojearlo, empalideció.

“Canovitas” dijo que, a esas alturas, ya podían echarle un galgo; porque, pasaban ya cinco minutos del “usufructo”. Tanto “Gurriato”, como él, no se explicaban lo que le pasaba al Patrón. “Piñata”, reparó entonces en el Salón de Té de Garín, que también era una afamada confitería.

Entraron, y en efecto; allí encontraron al hombre del bigote, revolviendo sus bolsillos un tanto azorado, mientras uno de los dependientes sostenía, ante Él, una bandeja de pasteles.

Chueca, los miró de arriba abajo un tanto desconcertado. El Dependiente, que les conocía de sobra, le susurró algo al oído. El Músico palideció desconcertado pero, antes de que dijera nada, “Piñata” pidió cuatro cafés y mesa. “¿Les importaría tomar algo con ellos?”. Chueca dudó, pero aceptó. Una vez sentado, “Piñata” le hizo solemne entrega de la cartera y el reloj.

Chueca, asintió azorado. ¿Qué podía decir si no: gracias? Les firmó varios autógrafos y después, se retiró maravillado. Ni siquiera le dejaron pagar la cuenta. Ardía en deseos de ver a Valverde, y contarle el extraño suceso que le había acontecido; y se preguntaba si sería abordado en alguna otra ocasión por más personajes de sus obras, como “La Menegilda”.

Esa noche, al irse a dormir, descubriría con más estupor, que en la cartera había nada menos que trescientas pesetas; un donativo de los “Tres Ratas”, al parecer fruto de la recaudación del día.

En el Salón de Té, los “Ratas”, contemplaban extasiados los autógrafos. El Camarero les miraba de vez en cuando con ganas de pasarles la minuta.

“Gurriato”, se llevó las manos a los bolsillos, y luego abrió la boca incrédulo: