sábado, 22 de febrero de 2014

Reparando el Concepto de Democracia. Parte III -El virus de la intolerancia-

REPARANDO EL CONCEPTO DE DEMOCRACIA

PARTE III              -EL VIRUS DE LA INTOLERANCIA-

Zigzagueamos por las callejuelas de la capital en búsqueda de una gran avenida que nos sacase de la ciudad. Nuestro recorrido no estaba exento de riesgos, el virus de la intolerancia se había propagado mucho más de lo esperado. Yo conocía bien los síntomas, los había visto en la cara de mucha gente mayor que, habiéndose contagiado de niños durante la gran epidemia europea de mediados del siglo XX, se les había quedado acantonado de por vida. Tras décadas de tratamiento democrático, la mayoría habían conseguido disminuir los efectos de su enfermedad y sólo sufrían algún que otro brote ante situaciones desencadenantes como las tragedias terroristas, la inmigración o el matrimonio homosexual; el resto del tiempo, casi ni se les notaba; y menos mal, porque el virus es muy contagioso, sobre todo de abuelos a nietos.

La intolerancia es un mal endémico y siempre han habido personas de todas las edades que la sufren; y no voy a entrar en si existe, o no, alguna predisposición genética. De lo que sí estoy convencido es de que la Democracia tiene herramientas ideales para mantener a estas personas bajo tratamiento evitando que tengan cuadros agudos de soberbia, odio, e incluso violencia.

Con frecuencia, como suele ocurrir con otras enfermedades, las personas que padecen intolerancia acostumbran a asociarse con el objeto de ayudarse mutuamente. Es normal que esos grupos humanos enfermos, refugiados tras altos muros de soberbia, prosperen dando lugar a las capas más altas de la Sociedad: Plutocracia, Monarquía y Burguesía, pero no debemos olvidar que, en realidad, se trata del resultado próspero de un organismo exógeno y patógeno que, a través de esas personas, parasita al resto de la humanidad aprovechándose de sus recursos. La intolerancia es un mal que crece con la asociación, pues al ser tan contagiosa, acaba por alcanzar a todos los inmediatos, convirtiéndose entonces en una enfermedad social que tiene muchos nombres, aunque el más extendido es: Fascismo. Tratar de curar la intolerancia, puede ser en sí un acto intolerante, por eso la intolerancia debe ser identificada y tratada de modo aislado y de por vida, pues, en mi humilde opinión, aún no tiene cura. Lo mejor es evitar el contacto y prevenir.

La mejor vacuna contra la intolerancia es la Educación plural, por eso, cuando comenzó la crisis, el Gran Poder se las arregló para que los primeros recortes fueran sobre la Educación Pública. Huyendo de una educación recortada y limitada, muchos niños, con la mejor intención y con gran esfuerzo de sus progenitores, fueron llevados a centros privados o concertados donde, inesperadamente, fueron los primeros en verse expuestos a ambientes patógenos y virulentos. Como no todos podían, o no se dejaron engañar, el Gran Poder se las arregló para cambiar la Ley, y permitir que el Gran Contaminador retornase a las aulas públicas para inocular a todos los niños el virus de la intolerancia, eso sí, empapado en un azucarillo de piadosa bondad.

Con nuestro descacharrado Concepto de Democracia, seguimos avanzando. Para no despertar sospechas, no íbamos ni demasiado deprisa, ni demasiado despacio. Un semáforo inoportuno nos paró frente a una oficina del INEM. Una cola larguísima de desempleados esperaba su turno; cerca de ellos, un grupo de "pastores", jugueteando con sus perros, aguardaba su oportunidad. No tardamos en verlos actuar; un joven blanco, harto de esperar, comenzó a despotricar contra el gobierno, contra los bancos, contra la monarquía , contra los sindicatos y, finalmente, contra otros dos jóvenes "no blancos" que hacían cola delante de él. Los norteafricanos, provocados por los insultos racistas, se volvieron contra él y comenzaron a increparle. El joven parado, que seguramente nunca antes había sufrido un arranque igual de ira e intolerancia, se asustó mucho y se sentó en el suelo avergonzado. Los otros dos parados se olvidaron de él; pero la cosa no terminó ahí, al ver la escena, los "pastores" se abalanzaron sobre los inmigrantes y les dieron una paliza brutal. Nadie les paró, ni  impidió que, ayudados por sus perros, metieran a los dos "no blancos" en una furgoneta y se los llevaran a toda prisa. Otros "pastores" levantaron del suelo al joven afectado, allí mismo le raparon el pelo con una maquinilla eléctrica, le colocaron un mono gris, lo abrazaron uno a uno con fuerza, lo metieron en un todo-terreno, y se lo llevaron. Detenido al otro lado de la calle, no sé cuantas veces había cambiado el semáforo de color pero, cuando el coche de los "pastores" pasó a mi lado y sentí la mirada blanca, y la sonrisa congelada del joven recién infectado, mirándome por la ventanilla; vi luz verde, rascando la caja de cambios, metí primera y, ni demasiado deprisa, ni demasiado despacio, huí como un cobarde.


martes, 28 de enero de 2014

La "Sociedad del Bienestar" es la "Manzana de la Discordia"

Una vez mordida la manzana del (ahora satanizado) bienestar, no hay vuelta atrás sin que muchos se queden con las ganas de darle al menos un buen mordisco. Los que la hemos probado, ponemos cara de que está tan apetitosa, que, para ser justos, la única solución es que todo el mundo tenga oportunidad de probarla, y decida si le gusta, o prefiere seguir viviendo en el Jardín del Edén; para ello, es necesario que haya manzana para todos y para siempre; es decir, por este orden:

- Cuidar del manzano.
- Repartir equitativamente la manzana.
- Educar, demográfica y culturalmente, al humano.

Una aclaración: sólo tenemos un manzano y sólo da una manzana por generación. Actualmente, mientras muchos se alimentan de bledos y berzas; otros pocos, ya nos estamos comiendo el corazón de la manzana; las hojas, la piel del manzano, y la flor de la cosecha que viene.

La crisis económica actual es un modo avanzado de juego, para disfrute de esos niños grandes que no han madurado lo suficiente como para dejar de jugar al Monopoly. La crisis real, llegará cuando se seque el manzano que nos abrió la puerta del aburrido Jardín del Edén.

sábado, 18 de enero de 2014

Memorias de Metrópolis --La Memoria--

Dicen los científicos que los seres humanos apenas utilizamos una parte mínima de la capacidad de nuestro cerebro. Para mí esto puede ser un contrasentido. Lo esperado sería que nuestra capacidad intelectual fuera acomodándose a nuestras necesidades evolutivas. ¿Por qué habría de confiarnos la Naturaleza propiedades cognitivas que no aprovechamos, corriendo el riesgo de perderlas definitivamente en nuestra deriva evolutiva?

Vamos a fijarnos por ejemplo en la Memoria. Cierto que unos tienen más que otros; pero, en general, ejercitándola, como un atleta ejercita sus músculos, podemos aumentarla, pero ¿Dónde está el límite? Según los teóricos de nuestro super-cerebro, no hay límite o estamos muy lejos de alcanzarlo.

Si echamos un vistazo hacia atrás, hasta la llegada de la Sociedad Industrial, el ejercicio de la memoria se ceñía al entorno familiar, al aprendizaje de doctrinas más o menos complejas, refranes e historiografía oral con una profundidad que no superaría los cien años.  Ahora, el desarrollo de la Sociedad Humana globalizada, nos viene exigiendo cada vez más memoria, de modo que si queremos disfrutar de todo lo que ofrece la modernidad y pertenecer a ella, debemos recordar nombres, hechos históricos, personajes, literatura, cine, música, geografía, arquitectura, ciencia, anécdotas, hitos deportivos, costumbres, idiomas, números, direcciones, contraseñas, manuales, sistemas operativos, normas, reglamentos, ... ¡Ufff! Es posible que, al igual que los músculos de los que practican el culturismo se inflan con anabolizantes, nuestros cerebros cultos se llenen de datos y más datos que deberemos utilizar cuando nos los requieran. Estarán conmigo en que, tanto los culturistas extremos, como esos seres con cuerpos minúsculos y un cráneo enorme para albergar un cerebro super desarrollado, parecen anti-naturales.

La Naturaleza se rige por la ley de las proporciones y éstas atienden a leyes universales inviolables como la Gravedad y el Tiempo. En el caso de la antropometría manda la Gravedad, en el de la Memoria, el Tiempo establece el límite. ¿Si nos pasamos el tiempo ejercitando el aprendizaje, qué tiempo nos queda para disfrutar de lo aprendido? Un ejemplo, la Música: hoy en día la profundidad histórica de la música no va más allá de los quinientos años, pero la amplitud de los conocimientos musicales crece exponencialmente cada año que pasa. Los que hemos tenido la suerte de vivir en medio del boom musical de la última mitad del siglo XX, seguimos encontrando buenas melodías en el siglo XXI, pero carecemos de tiempo para disfrutarlas todas; llega un momento en que hay que priorizar. ¿Se imaginan dentro de quinientos años? ¿Cómo podrán encontrar tiempo los aficionados a la música para escuchar toda la buena música registrada durante mil años? Se morirán de melancolía.

Yo, que intuyo que nuestro destino ha estado siempre en manos ajenas, permítanme que les confiese que empiezo a pensar que nuestros cerebros están cerca del límite de su capacidad, de ahí la torpeza con la que nos dirigen nuestros supuestos sabios y líderes. Hace tiempo que no se inventa nada nuevo, vivimos de la mejora y combinación de máquinas inventadas hace décadas, la creatividad está degenerando por momentos, y las ideologías han perdido el Norte. Con una brújula social girando loca, los más conservadores nos recomiendan volver sobre nuestros pasos para no perdernos, ¡cobardes puñeteros!

Creo que lo que en realidad ocurre es que ha llegado la hora de un cambio de Nivel y mejora del Software. Nuestro Creador está a punto de hacer un FORMAT C:\ /B /S con nuestros cerebros y si ustedes no quieren que los protagonistas de sus conocimientos (sus autores preferidos, sus líderes favoritos) se conviertan en mitos, como ocurrió varias veces con anterioridad (la última hace casi cuatro milenios), vayan buscando la forma de ponerlos a buen recaudo; aunque, les adelanto, que  nuestros descendientes seguramente tardarán siglos en encontrarlos.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Memorias de Metrópolis --El Apocalípsis y el "Yo" efímero--

Mirando de reojo al retrovisor, Ramón Jordán se deleitaba observando el reflejo incisivo del sol de invierno en sus gafas de sol nuevas y pensaba en el fabuloso premio que le acababan de otorgar; entonces oyó la noticia en la radio: "tras abandonar hace años la clonación terapeútica, científicos californianos estaban ultimando la tecnología necesaria para la clonación humana a partir de una técnica denomianada iPS, acrónimo en inglés de: Células Pluripotentes inducidas, y comprendió que la profecía del Apocalipsis, tardaría algún tiempo, pero acabaría por hacerse realidad y los muertos saldrían de sus tumbas. 

Más que temor al fin de los días, lo que sintió fue una sensación de desprecio hacia toda esa gente, los mismos estúpidos de siempre dispuestos a gastarse mucho más dinero del que tendrían alguna vez, para clonarse o clonar a cualquier ser querido o deseado, humano o no, de quién aún se pudiera recuperar suficiente masa genética, y así devolverlos de nuevo a la vida.


¡Por favor! A Ramón, sólo de pensarlo, se le revolvían las tripas. Se imaginaba sufriendo de nuevo a quienes se suponía no volvería a ver ni en cielo, ni infierno, pues en éstos no creía; por no hablar de aquéllos para quienes la muerte había supuesto una auténtica liberación propia o ajena. Por duro que parezca, si había algo, aparte de que la realidad de la muerte siempre sería injusta y dolorosa, que consideraba realmente justo y le reconfortaba, era la certeza de que nadie volvería jamás, y su convencimiento de que no hay vida póstuma, ni efímera, ni eterna.

Su airada reflexión le llevó a plantearse la siguiente situación futura: “y si algún día después de muerto, alguien se empeñara en resucitarle” ¿Cómo podría evitarlo? ¿Qué honestas o interesadas? ¿Qué claras u oscuras razones? podrían moverles a hacerlo. Empezó a pensar en ello y, mientras se tranquilizaba, Ramón imaginaba sus propios restos dentro de una incineradora, comenzó a tomar conciencia de que aquella espectacular y estúpida noticia podría influir en el resto de su vida. Puesta la posibilidad en el mercado ,¿quién le garantizaba que estaría libre del suplicio de la clonación?

No consentiría que su “yo” pudiera clonarse ¿Con qué derecho?; pero tras una muerte de las “normales”, en un entorno “normal” como el suyo ¿Como podría estar seguro que alguien no reservaría algún fragmento suficiente para su clonación? ¡No podía consentirlo! entonces decidió dedicar el esfuerzo suficiente para trazar un plan que le garantizase al cien por cien que se libraría de ese “infierno”. Sin saberlo acababa de inventar su propia religión, donde: el cielo, el nirvana, la perfección, era la consecución de la unicidad del YO efímero.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Reparando el Concepto de Democracia. Parte II -Huyendo hacia la frontera-

REPARANDO EL CONCEPTO DE DEMOCRACIA

Parte II                   -HUYENDO HACIA LA FRONTERA-

Al principio, la idea de que volvieran los pastores al día siguiente me atenazaba el estómago y me nublaba la mente, pero no tenía tiempo que perder. En cuanto me puse a trabajar, me sentí mejor. 
A pesar de que los desperfectos visibles desde fuera eran espectaculares y le daban al Concepto de Democracia un aspecto de chatarra inservible, ninguno de ellos era concluyente para que no funcionase. Así que decidí echarle un vistazo al motor. 
Me costó levantar el capó; estaba deformado, asqueroso y pesaba mucho más de la cuenta, debido a la gran cantidad de palomino que tenía acumulado; seguramente de los miles de palomas mensajeras utilizadas para traer sobres llenos de dinero negro hasta los despachos de políticos.
¡Uff! El motor estaba cubierto de polvo negro, mirándolo de cerca comprobé que se trataba de cenizas de papel, montones de documentos quemados que obstruían los tubos de entrada de aire nuevo, tan necesario para la correcta consecución de la Igualdad Social. Se trataba de documentos secretos comprometedores, lo supe porque aún quedaban algunos retazos a medio quemar donde se podía leer: “Sr. X ..toriza ……..vención GAL.” “….scala aero..erto Palm… …ntanamo” “.. implicados cr….....sser” “...moria histórica”
Cogí el aspirador y limpié a fondo el motor que, después de todo, no tenía tan mala pinta. Comprobé La batería  (el Fondo de Reserva), estaba al mínimo así que, le hice un puente al contador de la luz y la puse a recargar. Al fin y al cabo los bancos son los propietarios de las eléctricas y ellos se llevaron buenos bocados del Fondo de Reserva para sufragar sus deudas. Quien roba a un ladrón….
Una vez cargada la batería, le di de nuevo al contacto; el motor ni giró. 
<<--¿Qué hago ahora yo? –me pregunté, desesperado.>>
Tal vez no tenía combustible (el sector primario). En un país sin materias primas, por mucho que se quiera mantener en marcha la Igualdad Social, resulta imposible, enseguida aparecen los desequilibrios que acaban por detener la Democracia. Afortunadamente no era ese el problema, tal como me dijera el joven “progre” y rockero, el depósito de combustible de nuestra Democracia, una mezcla de agua, carbón, aceite de oliva, vino, leche, aceite de girasol, proteína de vaca y cordero, grasa de cerdo y harina de trigo sometido todo a la acción de la energía solar, estaba ligeramente por encima de la reserva; suficiente para llegar “a ralenti” hasta la próxima gasolinera (nuevo modelo productivo).
<<--Quizá sea la cadena de la distribución –pensé.>>
Pero no, paradójicamente ésta estaba nueva: una red de carreteras, autovías, autopistas, aeropuertos, puertos, etc… Garantizaban una perfecta distribución de los recursos y de la energía.
<<--¿Serán las bujías? –me pregunté.>>
En absoluto, el sistema eléctrico, a pesar de cierta caída de tensión (déficit tarifario), estaba renovado y funcionaba perfectamente, bien es cierto que, para mantener alta la tensión eléctrica en los sistemas “esenciales”, alguien había desconectado a algunos elementos periféricos supuestamente prescindibles (inmigrantes sin papeles, parados de larga duración, desahuciados y sin techo) como las luces traseras y la calefacción de la luna trasera, donde no llegaba la electricidad; pero en cuanto arranque el motor de la Igualdad Social, restableciendo las conexiones necesarias, la tensión se recuperará y el suministro eléctrico llegará a todos por igual.
Sólo me quedaba por comprobar el carburador, en él se lleva a cabo la mezcla del combustible con el aire puro.
Desmonté el carburador y, ¡Oh sorpresa! Alguien había metido dentro un montón de papeles con extraños símbolos religiosos que obstruían el paso del aire.
<<--¿Cómo iba a funcionar con toda esta porquería dentro? –pensé.>>
Volví a intentar arrancar, pero nada, ni se movió.
Tenía pinta de ser el motor de arranque (los Políticos). Lo desmonté y encontré que también estaba hecho una mierda. Todo lleno de “grasa” (dinero negro) y “polvo” de escobillas (marihuana, crak y cocaína) hasta un condón usado enroscado en el rotor. ¡Qué asco! Pensé en limpiarlo, pero desistí, aquello ya no admitía limpieza, era hora de una renovación integral. Fui al almacén buscando un motor nuevo, tenía varios, pero todos: made in germany, made in USA, made in China ¡horror! made in Italy.
Nada fabricado aquí, aunque, después de lo visto, casi mejor. Pero no podía poner un motor de arranque extranjero, aunque alguno de ellos fuera bueno, mi conciencia me lo impedía. Entonces, se me ocurrió algo genial.
Eran las siete de la mañana, estaba amaneciendo y los propietarios del Concepto no venían. Mis queridos vecinos, preparados para ir a trabajar o a buscar trabajo, ya se oían trastear en los pisos sobre el taller, entonces, les llamé y les pedí a ellos que me ayudaran a empujar.
Dos parados, un barrendero, un profesor de instituto, una enfermera, un camarero y yo, empujamos como posesos el pesado Concepto de Democracia por nuestra calle, cuesta arriba, pues hacia la parte baja ya se oía la “esquilada” del rebaño afeitado que, fiel a su promesa, venía a comprobar mi trabajo. 
Con la caja de cambios (moneda exterior) en segunda, empujamos con todas nuestras fuerzas. El vehículo, grande como una furgoneta pesaba muchísimo, y la cuesta parecía no acabar nunca. Los perros pastores al vernos, se dirigieron hacia nosotros gritando como fieras, si nos alcanzaban sería nuestra perdición y la de nuestra querida Democracia. Al fin, el escape petardeó un par de veces, salieron varias nubes de humo negro, una blanca enorme y, de pronto, arrancó.
De un salto me metí dentro, me puse al mando de nuestro querido Concepto de Democracia y pisé a fondo el acelerador.
De pronto caí en la cuenta de la situación en la que dejaba a mis queridos convecinos, así que, dí un frenazo, rascando la caja de cambios, puse marcha atrás y volví a buscarlos.
--Vamos entrad, ¡deprisa! ¡Si os cogen os devorarán! –les grité.>>
Sin dudarlo, se metieron todos de un brinco en la furgoneta, justo a tiempo de esquivar los mordiscos de los perros y las piedras lanzadas con onda por los pastores.
Con un motor sin arranque, ni luces traseras, el depósito en reserva y sin carnet para conducir Conceptos tan pesados como la Democracia, huimos a toda velocidad en busca de un lugar donde repostar, conseguir un motor de arranque nuevo y un Gobierno con carnet legítimo que condujese la Democracia. Instintivamente me dirigí al norte, hacia la frontera.
Continuará…

Reparando el Concepto de Democracia. Parte I -Apertura del Taller de las Acepciones-

EL TALLER DE LAS ACEPCIONES Y LOS CONCEPTOS by Phineas Theron

REPARANDO EL CONCEPTO DE DEMOCRACIA

Parte I                      -APERTURA DEL TALLER DE LAS ACEPCIONES-

Ha sido abrir la puerta y ya tengo un cliente, y es VIP: un Concepto de Democracia ya entradito en años. 

Lo acaban de meter empujando cuatro progresistas maduros muy preocupados, alarmados diría yo. 
--Pasábamos por aquí y nos acaba de dejar tirados en su mismísima puerta. Mire que puede hacer con él –me dijo resollando el más viejo, que vestía chaqueta marinera sobre camisa hawaiana, y lucía abundante melena ondulada y canosa, asomando de una gorra de lona azul.
--¿No será que no le han puesto combustible? –les dije sonriendo, al verles tan apurados.
Mi comentario jocoso no les hizo no pizca de gracia.
--No. No tiene el depósito lleno, pero para el trayecto que nos queda, es más que suficiente –me corrigió serio el más joven, sin quitarse sus gafas oscuras, y sin sacar las manos de los bolsillos de su chupa de cuero negro-.  Por favor haga algo, lo necesitamos con urgencia –añadió.
--Veré que puedo hacer –le dije, mostrando sincero interés.
--¿Podrá arreglarlo hoy? –me preguntó otro, que era mujer, alta, muy delgada, y vestía a lo “Garbo”.
-- ¿Cómo quiere que lo sepa, señora, si todavía no sé lo que le pasa? –le contesté, tan cortés como pude.
--¿Habéis oído eso? –exclamó, otro bajo y regordete, mientras ajustaba nervioso sus gafitas redondas de pasta-. ¡Ya vienen! –concluyó, aterrado.
--¿Quién viene? –les pregunté, muy intrigado-. ¿No lo habrán robado?
--No, no; no es eso. Créame señor –me dijo el más viejo, y le creí.
--Por favor, cierre la puerta del taller –me suplicó la mujer, y le obedecí.
Mientras cerraba, vi aparecer al principio de mi calle algo insólito: un rebaño de ovejas blancas recién esquiladas, pastando en un prado azul oscuro que se deslizaba sobre un entramado de botas negras relucientes. Las ovejas no iban solas, varios pastores, de los que sólo veía blandir sus cayados al aire, las guiaban y un par de perros guardianes las mantenían a raya dando saltos y ladrando. Asustado, cerré el portón, y eché la llave suavemente, sin hacer ruido.
--¿Qué ocurre? –les pregunté susurrando.
--Vienen buscándonos para arrebatárnoslo y llevarlo al desguace –me informó el bajito intelectual.
--Hombre, y razón no les falta. La verdad es que este Concepto está en un estado lamentable -les dije, mientras le echaba un vistazo por encima.
--Sí, pero sin él, los más viejos y los desfavorecidos no podremos ir a ninguna parte –me dijo el anciano canoso, rascándose la cabeza bajo la gorra.
--Eso no es así –le corregí-. Ahora hacen unos modelos de Concepto de Democracia muy cómodos y manejables –les informé.
--Usted… ¿Arregla Conceptos, o los vende? –me preguntó el joven, muy irritado.
--Arreglo, arreglo –afirmé, algo avergonzado.
-- Mire joven –añadió el gafotas erudito y barbudo, con tono de profesor universitario-, esos modelos a los que usted se refiere, sólo están al alcance de unos pocos privilegiados. Lo que esos de ahí fuera buscan, es el motor de nuestra Democracia para hacer con él un camión en el que transportar a su rebaño.
--¿El motor de la Democracia? –pregunté, muy intrigado.
--La Igualdad Social –me informó el anciano.
Dicho esto, sonaron dos golpes secos en la puerta de chapa de mi taller recién inaugurado.
--¡Joder! ¡Nos han encontrado! –susurró la señora-. ¿Tiene otro lugar por el que salir de aquí? –añadió.
--Sí, pero antes ayúdenme a esconderlo en ese cuarto de ahí.
Metimos corriendo la antigualla en el laboratorio, la ocultamos tras una lona y les acompañé apresurado hasta una puerta que da a otra calle y que, afortunadamente, permanecía desierta.
--Volveremos esta noche –me dijo el más joven, mientras salía.
--Por favor trate de arreglarlo, y, si por cualquier circunstancia no volviéramos, haga lo que pueda pero no deje que ellos lo encuentren –me advirtió el anciano-. Trate de devolverlo al pueblo llano, pues le pertenece legítimamente  –me rogó después.
--Oiga, ¿dónde quieren esos pastores llevar a su ganado? –le pregunté, antes de que se marchara.
--Al matadero hijo mío, al matadero –me dijo muy triste, y se alejó apresurado.
Hasta cuatro veces más golpearon antes de que yo abriera. Abrí la puerta y me encontré de frente a dos pastores rudos y fornidos apoyados en sus cayados, tras de ellos el rebaño esperaba balando impaciente. Los perros, acostumbrados a moverse a sus anchas, no esperaron mi permiso y se metieron en el taller pasando entre mis piernas. 
--Buenas, ¿arreglan aquí Conceptos? –me preguntó uno de los pastores.
--Sí Señor: Conceptos y Acepciones –le contesté simpático-. ¿Tienen alguno para reparar? –le pregunté, falsamente interesado.
--No es el caso, pero nos gustaría ver como los arregla. ¿Podemos pasar?
--Por supuesto, pasen; pero le informo de que todavía no tengo ninguno en el taller, pues precisamente voy a abrir mañana –le mentí.
--Día de Santa Lucía. Buena fecha para abrir un negocio, en estos tiempos le hará falta buena vista para ver venir las oportunidades.
--Desde luego que sí –asentí.
Me aparté invitándoles a pasar, pero como los perros no indicaban nada, pues, o llevaban mucho tiempo sin oler la Democracia o quizá ni sabían a que olía, el pastor sólo metió su cabeza, miró de lado a lado y dijo:
--Mejor volveremos mañana, a ver cómo le va el negocio.
--Como quieran. Aquí les estaré esperando –dije, sonriendo.
No dijeron ni adiós. Esperé saludando a que se alejaran y luego me encerré en el taller.
Me senté en mi despacho. El corazón me iba a cien y tardé un buen rato en reaccionar. En cuánto me recuperé, corrí al laboratorio y desvelé la Democracia, no tenía tiempo que perder.


Síntomas:
Desgaste superficial: fruto de estar mucho tiempo aparcado en la calle y expuesto a la intemperie. Seguramente en su garaje habrán guardado alguno de esos Conceptos más nuevos y lujosos que tanto gustan a la Clase Media, como el Neo-liberalismo y el Neo-feudalismo Empresarial.
Daños por vandalismo: abundantes erosiones y abolladuras producidas por conductores borrachos que han colisionado con Conceptos tan peligrosos como el Neo-nacionalismo, el Independentismo, o la Alianza de Civilizaciones.
No arranca: seguramente porque le faltan multitud de piezas perdidas en las colisiones, y empeñadas para pagar los fastos justificados con la escusa de mantener una falsa Paz Social.
...
<<--¿Seré capaz de arreglar esto? ¿Tendrá arreglo? –me pregunté, desolado.>>

sábado, 14 de diciembre de 2013

Neonacionalismos

... ¡Hay! ¡Esos países de fábula hiperbórea! que escuchan de charlatanes mesiánicos, cuentos de gigantes furiosos que los tomaron entre sus manazas, arrugándoles hasta convertirlos en pequeñas regiones recónditas y montañosas, y andan desesperados buscando su grandeza perdida entre los pliegues de la mitología, pues no la saben encontrar entre las páginas de la historia real...