martes, 28 de enero de 2014

La "Sociedad del Bienestar" es la "Manzana de la Discordia"

Una vez mordida la manzana del (ahora satanizado) bienestar, no hay vuelta atrás sin que muchos se queden con las ganas de darle al menos un buen mordisco. Los que la hemos probado, ponemos cara de que está tan apetitosa, que, para ser justos, la única solución es que todo el mundo tenga oportunidad de probarla, y decida si le gusta, o prefiere seguir viviendo en el Jardín del Edén; para ello, es necesario que haya manzana para todos y para siempre; es decir, por este orden:

- Cuidar del manzano.
- Repartir equitativamente la manzana.
- Educar, demográfica y culturalmente, al humano.

Una aclaración: sólo tenemos un manzano y sólo da una manzana por generación. Actualmente, mientras muchos se alimentan de bledos y berzas; otros pocos, ya nos estamos comiendo el corazón de la manzana; las hojas, la piel del manzano, y la flor de la cosecha que viene.

La crisis económica actual es un modo avanzado de juego, para disfrute de esos niños grandes que no han madurado lo suficiente como para dejar de jugar al Monopoly. La crisis real, llegará cuando se seque el manzano que nos abrió la puerta del aburrido Jardín del Edén.

sábado, 18 de enero de 2014

Memorias de Metrópolis --La Memoria--

Dicen los científicos que los seres humanos apenas utilizamos una parte mínima de la capacidad de nuestro cerebro. Para mí esto puede ser un contrasentido. Lo esperado sería que nuestra capacidad intelectual fuera acomodándose a nuestras necesidades evolutivas. ¿Por qué habría de confiarnos la Naturaleza propiedades cognitivas que no aprovechamos, corriendo el riesgo de perderlas definitivamente en nuestra deriva evolutiva?

Vamos a fijarnos por ejemplo en la Memoria. Cierto que unos tienen más que otros; pero, en general, ejercitándola, como un atleta ejercita sus músculos, podemos aumentarla, pero ¿Dónde está el límite? Según los teóricos de nuestro super-cerebro, no hay límite o estamos muy lejos de alcanzarlo.

Si echamos un vistazo hacia atrás, hasta la llegada de la Sociedad Industrial, el ejercicio de la memoria se ceñía al entorno familiar, al aprendizaje de doctrinas más o menos complejas, refranes e historiografía oral con una profundidad que no superaría los cien años.  Ahora, el desarrollo de la Sociedad Humana globalizada, nos viene exigiendo cada vez más memoria, de modo que si queremos disfrutar de todo lo que ofrece la modernidad y pertenecer a ella, debemos recordar nombres, hechos históricos, personajes, literatura, cine, música, geografía, arquitectura, ciencia, anécdotas, hitos deportivos, costumbres, idiomas, números, direcciones, contraseñas, manuales, sistemas operativos, normas, reglamentos, ... ¡Ufff! Es posible que, al igual que los músculos de los que practican el culturismo se inflan con anabolizantes, nuestros cerebros cultos se llenen de datos y más datos que deberemos utilizar cuando nos los requieran. Estarán conmigo en que, tanto los culturistas extremos, como esos seres con cuerpos minúsculos y un cráneo enorme para albergar un cerebro super desarrollado, parecen anti-naturales.

La Naturaleza se rige por la ley de las proporciones y éstas atienden a leyes universales inviolables como la Gravedad y el Tiempo. En el caso de la antropometría manda la Gravedad, en el de la Memoria, el Tiempo establece el límite. ¿Si nos pasamos el tiempo ejercitando el aprendizaje, qué tiempo nos queda para disfrutar de lo aprendido? Un ejemplo, la Música: hoy en día la profundidad histórica de la música no va más allá de los quinientos años, pero la amplitud de los conocimientos musicales crece exponencialmente cada año que pasa. Los que hemos tenido la suerte de vivir en medio del boom musical de la última mitad del siglo XX, seguimos encontrando buenas melodías en el siglo XXI, pero carecemos de tiempo para disfrutarlas todas; llega un momento en que hay que priorizar. ¿Se imaginan dentro de quinientos años? ¿Cómo podrán encontrar tiempo los aficionados a la música para escuchar toda la buena música registrada durante mil años? Se morirán de melancolía.

Yo, que intuyo que nuestro destino ha estado siempre en manos ajenas, permítanme que les confiese que empiezo a pensar que nuestros cerebros están cerca del límite de su capacidad, de ahí la torpeza con la que nos dirigen nuestros supuestos sabios y líderes. Hace tiempo que no se inventa nada nuevo, vivimos de la mejora y combinación de máquinas inventadas hace décadas, la creatividad está degenerando por momentos, y las ideologías han perdido el Norte. Con una brújula social girando loca, los más conservadores nos recomiendan volver sobre nuestros pasos para no perdernos, ¡cobardes puñeteros!

Creo que lo que en realidad ocurre es que ha llegado la hora de un cambio de Nivel y mejora del Software. Nuestro Creador está a punto de hacer un FORMAT C:\ /B /S con nuestros cerebros y si ustedes no quieren que los protagonistas de sus conocimientos (sus autores preferidos, sus líderes favoritos) se conviertan en mitos, como ocurrió varias veces con anterioridad (la última hace casi cuatro milenios), vayan buscando la forma de ponerlos a buen recaudo; aunque, les adelanto, que  nuestros descendientes seguramente tardarán siglos en encontrarlos.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Memorias de Metrópolis --El Apocalípsis y el "Yo" efímero--

Mirando de reojo al retrovisor, Ramón Jordán se deleitaba observando el reflejo incisivo del sol de invierno en sus gafas de sol nuevas y pensaba en el fabuloso premio que le acababan de otorgar; entonces oyó la noticia en la radio: "tras abandonar hace años la clonación terapeútica, científicos californianos estaban ultimando la tecnología necesaria para la clonación humana a partir de una técnica denomianada iPS, acrónimo en inglés de: Células Pluripotentes inducidas, y comprendió que la profecía del Apocalipsis, tardaría algún tiempo, pero acabaría por hacerse realidad y los muertos saldrían de sus tumbas. 

Más que temor al fin de los días, lo que sintió fue una sensación de desprecio hacia toda esa gente, los mismos estúpidos de siempre dispuestos a gastarse mucho más dinero del que tendrían alguna vez, para clonarse o clonar a cualquier ser querido o deseado, humano o no, de quién aún se pudiera recuperar suficiente masa genética, y así devolverlos de nuevo a la vida.


¡Por favor! A Ramón, sólo de pensarlo, se le revolvían las tripas. Se imaginaba sufriendo de nuevo a quienes se suponía no volvería a ver ni en cielo, ni infierno, pues en éstos no creía; por no hablar de aquéllos para quienes la muerte había supuesto una auténtica liberación propia o ajena. Por duro que parezca, si había algo, aparte de que la realidad de la muerte siempre sería injusta y dolorosa, que consideraba realmente justo y le reconfortaba, era la certeza de que nadie volvería jamás, y su convencimiento de que no hay vida póstuma, ni efímera, ni eterna.

Su airada reflexión le llevó a plantearse la siguiente situación futura: “y si algún día después de muerto, alguien se empeñara en resucitarle” ¿Cómo podría evitarlo? ¿Qué honestas o interesadas? ¿Qué claras u oscuras razones? podrían moverles a hacerlo. Empezó a pensar en ello y, mientras se tranquilizaba, Ramón imaginaba sus propios restos dentro de una incineradora, comenzó a tomar conciencia de que aquella espectacular y estúpida noticia podría influir en el resto de su vida. Puesta la posibilidad en el mercado ,¿quién le garantizaba que estaría libre del suplicio de la clonación?

No consentiría que su “yo” pudiera clonarse ¿Con qué derecho?; pero tras una muerte de las “normales”, en un entorno “normal” como el suyo ¿Como podría estar seguro que alguien no reservaría algún fragmento suficiente para su clonación? ¡No podía consentirlo! entonces decidió dedicar el esfuerzo suficiente para trazar un plan que le garantizase al cien por cien que se libraría de ese “infierno”. Sin saberlo acababa de inventar su propia religión, donde: el cielo, el nirvana, la perfección, era la consecución de la unicidad del YO efímero.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Reparando el Concepto de Democracia. Parte II -Huyendo hacia la frontera-

REPARANDO EL CONCEPTO DE DEMOCRACIA

Parte II                   -HUYENDO HACIA LA FRONTERA-

Al principio, la idea de que volvieran los pastores al día siguiente me atenazaba el estómago y me nublaba la mente, pero no tenía tiempo que perder. En cuanto me puse a trabajar, me sentí mejor. 
A pesar de que los desperfectos visibles desde fuera eran espectaculares y le daban al Concepto de Democracia un aspecto de chatarra inservible, ninguno de ellos era concluyente para que no funcionase. Así que decidí echarle un vistazo al motor. 
Me costó levantar el capó; estaba deformado, asqueroso y pesaba mucho más de la cuenta, debido a la gran cantidad de palomino que tenía acumulado; seguramente de los miles de palomas mensajeras utilizadas para traer sobres llenos de dinero negro hasta los despachos de políticos.
¡Uff! El motor estaba cubierto de polvo negro, mirándolo de cerca comprobé que se trataba de cenizas de papel, montones de documentos quemados que obstruían los tubos de entrada de aire nuevo, tan necesario para la correcta consecución de la Igualdad Social. Se trataba de documentos secretos comprometedores, lo supe porque aún quedaban algunos retazos a medio quemar donde se podía leer: “Sr. X ..toriza ……..vención GAL.” “….scala aero..erto Palm… …ntanamo” “.. implicados cr….....sser” “...moria histórica”
Cogí el aspirador y limpié a fondo el motor que, después de todo, no tenía tan mala pinta. Comprobé La batería  (el Fondo de Reserva), estaba al mínimo así que, le hice un puente al contador de la luz y la puse a recargar. Al fin y al cabo los bancos son los propietarios de las eléctricas y ellos se llevaron buenos bocados del Fondo de Reserva para sufragar sus deudas. Quien roba a un ladrón….
Una vez cargada la batería, le di de nuevo al contacto; el motor ni giró. 
<<--¿Qué hago ahora yo? –me pregunté, desesperado.>>
Tal vez no tenía combustible (el sector primario). En un país sin materias primas, por mucho que se quiera mantener en marcha la Igualdad Social, resulta imposible, enseguida aparecen los desequilibrios que acaban por detener la Democracia. Afortunadamente no era ese el problema, tal como me dijera el joven “progre” y rockero, el depósito de combustible de nuestra Democracia, una mezcla de agua, carbón, aceite de oliva, vino, leche, aceite de girasol, proteína de vaca y cordero, grasa de cerdo y harina de trigo sometido todo a la acción de la energía solar, estaba ligeramente por encima de la reserva; suficiente para llegar “a ralenti” hasta la próxima gasolinera (nuevo modelo productivo).
<<--Quizá sea la cadena de la distribución –pensé.>>
Pero no, paradójicamente ésta estaba nueva: una red de carreteras, autovías, autopistas, aeropuertos, puertos, etc… Garantizaban una perfecta distribución de los recursos y de la energía.
<<--¿Serán las bujías? –me pregunté.>>
En absoluto, el sistema eléctrico, a pesar de cierta caída de tensión (déficit tarifario), estaba renovado y funcionaba perfectamente, bien es cierto que, para mantener alta la tensión eléctrica en los sistemas “esenciales”, alguien había desconectado a algunos elementos periféricos supuestamente prescindibles (inmigrantes sin papeles, parados de larga duración, desahuciados y sin techo) como las luces traseras y la calefacción de la luna trasera, donde no llegaba la electricidad; pero en cuanto arranque el motor de la Igualdad Social, restableciendo las conexiones necesarias, la tensión se recuperará y el suministro eléctrico llegará a todos por igual.
Sólo me quedaba por comprobar el carburador, en él se lleva a cabo la mezcla del combustible con el aire puro.
Desmonté el carburador y, ¡Oh sorpresa! Alguien había metido dentro un montón de papeles con extraños símbolos religiosos que obstruían el paso del aire.
<<--¿Cómo iba a funcionar con toda esta porquería dentro? –pensé.>>
Volví a intentar arrancar, pero nada, ni se movió.
Tenía pinta de ser el motor de arranque (los Políticos). Lo desmonté y encontré que también estaba hecho una mierda. Todo lleno de “grasa” (dinero negro) y “polvo” de escobillas (marihuana, crak y cocaína) hasta un condón usado enroscado en el rotor. ¡Qué asco! Pensé en limpiarlo, pero desistí, aquello ya no admitía limpieza, era hora de una renovación integral. Fui al almacén buscando un motor nuevo, tenía varios, pero todos: made in germany, made in USA, made in China ¡horror! made in Italy.
Nada fabricado aquí, aunque, después de lo visto, casi mejor. Pero no podía poner un motor de arranque extranjero, aunque alguno de ellos fuera bueno, mi conciencia me lo impedía. Entonces, se me ocurrió algo genial.
Eran las siete de la mañana, estaba amaneciendo y los propietarios del Concepto no venían. Mis queridos vecinos, preparados para ir a trabajar o a buscar trabajo, ya se oían trastear en los pisos sobre el taller, entonces, les llamé y les pedí a ellos que me ayudaran a empujar.
Dos parados, un barrendero, un profesor de instituto, una enfermera, un camarero y yo, empujamos como posesos el pesado Concepto de Democracia por nuestra calle, cuesta arriba, pues hacia la parte baja ya se oía la “esquilada” del rebaño afeitado que, fiel a su promesa, venía a comprobar mi trabajo. 
Con la caja de cambios (moneda exterior) en segunda, empujamos con todas nuestras fuerzas. El vehículo, grande como una furgoneta pesaba muchísimo, y la cuesta parecía no acabar nunca. Los perros pastores al vernos, se dirigieron hacia nosotros gritando como fieras, si nos alcanzaban sería nuestra perdición y la de nuestra querida Democracia. Al fin, el escape petardeó un par de veces, salieron varias nubes de humo negro, una blanca enorme y, de pronto, arrancó.
De un salto me metí dentro, me puse al mando de nuestro querido Concepto de Democracia y pisé a fondo el acelerador.
De pronto caí en la cuenta de la situación en la que dejaba a mis queridos convecinos, así que, dí un frenazo, rascando la caja de cambios, puse marcha atrás y volví a buscarlos.
--Vamos entrad, ¡deprisa! ¡Si os cogen os devorarán! –les grité.>>
Sin dudarlo, se metieron todos de un brinco en la furgoneta, justo a tiempo de esquivar los mordiscos de los perros y las piedras lanzadas con onda por los pastores.
Con un motor sin arranque, ni luces traseras, el depósito en reserva y sin carnet para conducir Conceptos tan pesados como la Democracia, huimos a toda velocidad en busca de un lugar donde repostar, conseguir un motor de arranque nuevo y un Gobierno con carnet legítimo que condujese la Democracia. Instintivamente me dirigí al norte, hacia la frontera.
Continuará…

Reparando el Concepto de Democracia. Parte I -Apertura del Taller de las Acepciones-

EL TALLER DE LAS ACEPCIONES Y LOS CONCEPTOS by Phineas Theron

REPARANDO EL CONCEPTO DE DEMOCRACIA

Parte I                      -APERTURA DEL TALLER DE LAS ACEPCIONES-

Ha sido abrir la puerta y ya tengo un cliente, y es VIP: un Concepto de Democracia ya entradito en años. 

Lo acaban de meter empujando cuatro progresistas maduros muy preocupados, alarmados diría yo. 
--Pasábamos por aquí y nos acaba de dejar tirados en su mismísima puerta. Mire que puede hacer con él –me dijo resollando el más viejo, que vestía chaqueta marinera sobre camisa hawaiana, y lucía abundante melena ondulada y canosa, asomando de una gorra de lona azul.
--¿No será que no le han puesto combustible? –les dije sonriendo, al verles tan apurados.
Mi comentario jocoso no les hizo no pizca de gracia.
--No. No tiene el depósito lleno, pero para el trayecto que nos queda, es más que suficiente –me corrigió serio el más joven, sin quitarse sus gafas oscuras, y sin sacar las manos de los bolsillos de su chupa de cuero negro-.  Por favor haga algo, lo necesitamos con urgencia –añadió.
--Veré que puedo hacer –le dije, mostrando sincero interés.
--¿Podrá arreglarlo hoy? –me preguntó otro, que era mujer, alta, muy delgada, y vestía a lo “Garbo”.
-- ¿Cómo quiere que lo sepa, señora, si todavía no sé lo que le pasa? –le contesté, tan cortés como pude.
--¿Habéis oído eso? –exclamó, otro bajo y regordete, mientras ajustaba nervioso sus gafitas redondas de pasta-. ¡Ya vienen! –concluyó, aterrado.
--¿Quién viene? –les pregunté, muy intrigado-. ¿No lo habrán robado?
--No, no; no es eso. Créame señor –me dijo el más viejo, y le creí.
--Por favor, cierre la puerta del taller –me suplicó la mujer, y le obedecí.
Mientras cerraba, vi aparecer al principio de mi calle algo insólito: un rebaño de ovejas blancas recién esquiladas, pastando en un prado azul oscuro que se deslizaba sobre un entramado de botas negras relucientes. Las ovejas no iban solas, varios pastores, de los que sólo veía blandir sus cayados al aire, las guiaban y un par de perros guardianes las mantenían a raya dando saltos y ladrando. Asustado, cerré el portón, y eché la llave suavemente, sin hacer ruido.
--¿Qué ocurre? –les pregunté susurrando.
--Vienen buscándonos para arrebatárnoslo y llevarlo al desguace –me informó el bajito intelectual.
--Hombre, y razón no les falta. La verdad es que este Concepto está en un estado lamentable -les dije, mientras le echaba un vistazo por encima.
--Sí, pero sin él, los más viejos y los desfavorecidos no podremos ir a ninguna parte –me dijo el anciano canoso, rascándose la cabeza bajo la gorra.
--Eso no es así –le corregí-. Ahora hacen unos modelos de Concepto de Democracia muy cómodos y manejables –les informé.
--Usted… ¿Arregla Conceptos, o los vende? –me preguntó el joven, muy irritado.
--Arreglo, arreglo –afirmé, algo avergonzado.
-- Mire joven –añadió el gafotas erudito y barbudo, con tono de profesor universitario-, esos modelos a los que usted se refiere, sólo están al alcance de unos pocos privilegiados. Lo que esos de ahí fuera buscan, es el motor de nuestra Democracia para hacer con él un camión en el que transportar a su rebaño.
--¿El motor de la Democracia? –pregunté, muy intrigado.
--La Igualdad Social –me informó el anciano.
Dicho esto, sonaron dos golpes secos en la puerta de chapa de mi taller recién inaugurado.
--¡Joder! ¡Nos han encontrado! –susurró la señora-. ¿Tiene otro lugar por el que salir de aquí? –añadió.
--Sí, pero antes ayúdenme a esconderlo en ese cuarto de ahí.
Metimos corriendo la antigualla en el laboratorio, la ocultamos tras una lona y les acompañé apresurado hasta una puerta que da a otra calle y que, afortunadamente, permanecía desierta.
--Volveremos esta noche –me dijo el más joven, mientras salía.
--Por favor trate de arreglarlo, y, si por cualquier circunstancia no volviéramos, haga lo que pueda pero no deje que ellos lo encuentren –me advirtió el anciano-. Trate de devolverlo al pueblo llano, pues le pertenece legítimamente  –me rogó después.
--Oiga, ¿dónde quieren esos pastores llevar a su ganado? –le pregunté, antes de que se marchara.
--Al matadero hijo mío, al matadero –me dijo muy triste, y se alejó apresurado.
Hasta cuatro veces más golpearon antes de que yo abriera. Abrí la puerta y me encontré de frente a dos pastores rudos y fornidos apoyados en sus cayados, tras de ellos el rebaño esperaba balando impaciente. Los perros, acostumbrados a moverse a sus anchas, no esperaron mi permiso y se metieron en el taller pasando entre mis piernas. 
--Buenas, ¿arreglan aquí Conceptos? –me preguntó uno de los pastores.
--Sí Señor: Conceptos y Acepciones –le contesté simpático-. ¿Tienen alguno para reparar? –le pregunté, falsamente interesado.
--No es el caso, pero nos gustaría ver como los arregla. ¿Podemos pasar?
--Por supuesto, pasen; pero le informo de que todavía no tengo ninguno en el taller, pues precisamente voy a abrir mañana –le mentí.
--Día de Santa Lucía. Buena fecha para abrir un negocio, en estos tiempos le hará falta buena vista para ver venir las oportunidades.
--Desde luego que sí –asentí.
Me aparté invitándoles a pasar, pero como los perros no indicaban nada, pues, o llevaban mucho tiempo sin oler la Democracia o quizá ni sabían a que olía, el pastor sólo metió su cabeza, miró de lado a lado y dijo:
--Mejor volveremos mañana, a ver cómo le va el negocio.
--Como quieran. Aquí les estaré esperando –dije, sonriendo.
No dijeron ni adiós. Esperé saludando a que se alejaran y luego me encerré en el taller.
Me senté en mi despacho. El corazón me iba a cien y tardé un buen rato en reaccionar. En cuánto me recuperé, corrí al laboratorio y desvelé la Democracia, no tenía tiempo que perder.


Síntomas:
Desgaste superficial: fruto de estar mucho tiempo aparcado en la calle y expuesto a la intemperie. Seguramente en su garaje habrán guardado alguno de esos Conceptos más nuevos y lujosos que tanto gustan a la Clase Media, como el Neo-liberalismo y el Neo-feudalismo Empresarial.
Daños por vandalismo: abundantes erosiones y abolladuras producidas por conductores borrachos que han colisionado con Conceptos tan peligrosos como el Neo-nacionalismo, el Independentismo, o la Alianza de Civilizaciones.
No arranca: seguramente porque le faltan multitud de piezas perdidas en las colisiones, y empeñadas para pagar los fastos justificados con la escusa de mantener una falsa Paz Social.
...
<<--¿Seré capaz de arreglar esto? ¿Tendrá arreglo? –me pregunté, desolado.>>

sábado, 14 de diciembre de 2013

Neonacionalismos

... ¡Hay! ¡Esos países de fábula hiperbórea! que escuchan de charlatanes mesiánicos, cuentos de gigantes furiosos que los tomaron entre sus manazas, arrugándoles hasta convertirlos en pequeñas regiones recónditas y montañosas, y andan desesperados buscando su grandeza perdida entre los pliegues de la mitología, pues no la saben encontrar entre las páginas de la historia real... 

sábado, 30 de noviembre de 2013

La Rebelión del Agua

Claire, sentada en las austeras gradas de la piscina cubierta, leía ensimismada un tratado sobre niños índigo. De vez en cuando, levantaba su cabeza con un sincronismo tal, que coincidía justo con el momento en que su esposo paraba para descansar después de cinco largos; entonces se saludaban con una sutil sonrisa y vuelta a empezar; así durante unos cuarenta minutos. 
A Claire le encantaba acompañar a Ramón en las tardes de invierno pues, a través de los enormes ventanales del la piscina cubierta, podía observar el río Ebro que se encuentra a pocos metros y, mediante un juego mágico de reflejos y luces del atardecer, podía imaginarle nadando en un río cristalino mientras ella le observaba leyendo desde la orilla. El ruido del agua le permitía ensimismarse en la lectura más que la tranquilidad de su despacho; en realidad, esta costumbre la había adquirido años antes cuando llevaba a sus hijos, Bárbara y Joseph, a sus clases de natación. Éstos, ocupados ahora con sus estudios, ya no la practican y es Ramón quien les ha tomado el relevo; por consejo de Claire, claro está.
A Ramón, la natación le gustaba, pues le servía para mantenerse en forma, pero sobre todo era la excusa perfecta para estar aislado bajo la atmósfera celestial del filtro azul de sus gafas de natación, y así poder divagar su mente, pues imaginar era en realidad su ejercicio preferido. 
Aquel día, Ramón iba pensando sobre la suerte que tenía de haber vivido el momento en que la ciudad de Zaragoza dejara de “darle la espalda” al río Ebro, y lo lejos que quedaba poder cumplirse el sueño de su querido Odón de Buen: un Planeta Tierra que viviera “de cara” a sus océanos. Impaciente por llegar a verlo, mientras volteaba rabioso dando una fuerte patada sobre la pared de la piscina, recordó un artículo visionario de la NGS, publicado a principios del siglo XX, donde el oceanógrafo y explotador polar, Jean-Baptiste Charcolí, ya imaginaba un futuro en el que las naciones disputarían con fiereza por los casquetes polares; tanto o más por los secretos ocultos bajo el hielo, como por éste mismo. El explorador francés apuntaba la posibilidad de que la Humanidad aprovechase en el futuro el agua de los polos como un mineral puro, tan valioso como lo eran en aquellos días el hierro o el cobre, considerando cualquier mezcla del mismo con otras aguas o sustancias como aleaciones a tratar por separado. Charcolí ideó toda una ciencia del tratamiento del agua, lástima que su vida se viera truncada de repente al morir ahogado en 1.936. Desgraciadamente todos sus estudios y proyectos se diluyeron el Océano Ártico.
Ramón, de pronto, creyó tener una revelación; si se quería mantener en el futuro un suministro de agua de calidad para el consumo humano, era necesario crear dos circuitos separados de agua, uno de agua potable tratada y de calidad para todo aquél uso que suponga contacto directo o indirecto con la alimentación humana, gestionado por el Ministerio de Salud Pública, y otro de agua procedente de depuración para el resto de usos, gestionado por el Ministerio de Industria y Minería; además, este agua debería ir coloreada, por ejemplo del mismo azul topacio donde ahora flotaba la angelical silueta de una joven bañista excepcionalmente esbelta que le superaba por la calle paralela. 
Ramón recordaba aquellas líneas y se convencía a si mismo de que habría que ir aún más lejos: <<a este segundo fluido no debería llamársele agua, y debería regularse su tratamiento para que en el futuro nunca más se mezclase con ella, sin haber pasado antes por destilación y un largo periodo de cuarentena tal vez de decenios o centenares de años. ¿Cómo se le podría llamar…?>>
Estaba tan metido en sus reflexiones, que por un momento se olvidó del medio en que se encontraba, y debió ser por eso que dejó de sacar la boca fuera del agua para respirar, absorbiendo una bocanada de agua, tan grande, que a pesar de la presteza con que su epiglotis reaccionó, no pudo evitar que penetrase algo en sus pulmones. El contacto del agua con su garganta, le produjo una tos convulsiva que, lejos de mejorar la situación, sólo hizo que empeorarla.
Ramón agitaba sus brazos en la piscina como un niño que no supiese nadar y por más que se esforzaba no conseguía recuperar la serenidad. Cada vez tragaba más agua, y a cada trago, le quemaba más, como si se tratase de un fuerte licor; tanto, que tuvo que dejar de mover los brazos para llevarse las manos a la garganta, entonces empezó a hundirse. La presión del agua aumentó, y tuvo que taparse la boca con la palma de la mano tratando de evitar que esta penetrase en su boca, pues a pesar de tenerla cerrada con fuerza parecía insuficiente para evitarlo. 
Ramón se vio a si mismo reposando contra el fondo de la piscina con los brazos en cruz y las piernas separadas como si unos grilletes invisibles le amarraran. Un fuego interno le quemaba por dentro entrando por su boca que, incomprensiblemente paralizado e incapaz de cerrarla, mantenía totalmente abierta. Poco a poco, aquél precioso azul topacio se convirtió en un gris que fue oscureciéndose hasta el negro, excepto en un punto blanco central que poco a poco fue haciéndose más grande hasta que inundó totalmente su retina con una luz intensa, entonces cerró los ojos.

Ramón, cariño mírame- ¿Estás bien? -le susurraba Claire.

Ramón, abrió los ojos lentamente y miró a Claire que estaba a su lado, su cara muy cerca de la suya. Le sorprendió verla sin sus gafas y con el pelo muy despeinado. Ramón trató de hablar para preguntarle que había pasado pero de su boca no podían salir palabras, sintió un fuerte escozor en la garganta que se lo impedía. Finalmente susurró:

¿Que ha sucedido?
Mon Cherie, se pasaron un montón con la mezcla de cloro de la piscina, te viste afectado y te hundiste al fondo. A pesar de que fueron unos segundos tragaste mucha agua, perdiste el conocimiento y has estado tres días en coma.
¿Tres días en coma...?

Texto no incluido en la mi novela: Los Viajeros del Agua (2012)