domingo, 31 de julio de 2016

LA HUMANIDAD: UNA ESPECIE CON OBSOLESCENCIA PROGRAMADA

Desde las calzadas y los canales romanos, la Humanidad no ha creado nada laico cuya función fuera la de durar para siempre; ni siquiera la Gran Muralla china, pues, aparte de su majestuosidad, su función de fortaleza terminó cuando acabó la amenaza de los guerreros mogoles.
Cada vez que hemos intentado tener una perspectiva milenaria de nuestra existencia, ha llegado una oposición imparable que "suavemente" la ha reconvertido en promesas del Más Allá. Ya no pensamos en la eternidad de nuestra Especie, si no en la del Individuo; eso sí, después de la muerte. !Vaya timo!
Han habido intentos de crear ideologías milenarias, ninguno acertado, y todos malogrados al enfangarse en el instinto egoísta del nacionalismo y el racismo; curiosamente diseñados siempre en torno a la misma fuente espiritual.
Hoy, la perspectiva vital de moda para los humanos se circunscribe entre trabajar como un burro para conseguir una larga jubilación (sometida ahora a una campaña de inviabilidad económica) que nos lleve "dulcemente" a una Vida Eterna en el Paraíso, o "reventar" cuanto antes como hombre bomba, para tener un harén de 72 vírgenes en el Yanna. 
Para que no hagamos planes de futuro remoto, se nos ha negado la verdad de nuestro pasado remoto, con un vacío de miles de años, entre la aparición del Homo Sapiens Sapiens y la extrañamente avanzada cultura mesopotámica.
Seguimos en el "cree, o muere", la estrechez del "Sí, o No-ismo" imposibilita una planificación eficiente de la Humanidad, que inevitablemente la llevará a una pobre existencia que ignoro cuanto durará, pero que seguramente vendrá determinada por nuestra incapacidad para aceptar las limitaciones físicas de nuestro Planeta. Somos una especie cultivada (ignoro con qué oscuro propósito) cuya máxima ambición es crecer y crecer en número hasta el colapso, UNA PLAGA.
Si aún queda en nuestro ADN algo de aquel homínido curioso que evolucionó hasta convertirse en el Homo Sapiens, si todavía queda algo de sabiduría terrenal en nuestro cerebro, debemos romper con la Vida Eterna, y evolucionar a un nuevo estado de Conciencia que detenga nuestro crecimiento numérico esponencial, y nos haga crecer como Individuos integrados en el Más Acá, para así garantizar nuestra perpetuidad como Especie.
Merecemos la pena.

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