martes, 10 de febrero de 2015

El gusano Pin


Una vez existió un país llamado Moréria, donde vivían dos hadas: Luz, un hada buena, y Rufa, un hada malvada.

Todo iba bien en Moréria, porque el hada Luz, se encargaba de que Rufa no hiciera nada que estropeara demasiado la tranquilidad de sus habitantes. Para ello, se valía de su Magia más poderosa.
Un día, que la niebla inundó la campiña; mientras Luz dormía, Rufa aprovechó para robarle el cofre donde guardaba su Magia. Cuando levantó la niebla, Luz despertó y se asustó mucho al comprobar que le habían robado. Enseguida sospechó de Rufa, así que fue a verla. Ésta, que no negó su mala acción, le dijo con prepotencia:

Incapaz de hacerle frente, Luz volvió desesperada al bosque donde vivía. Al encontrarse a sus amigos, rompió a llorar.

Al verla tan triste, extrañados, todos los ciudadanos del bosque de Moréria la rodearon, preguntándole qué le pasaba.

Tras enjugarse las lagrimas con una bolita de algodón, Luz les explicó lo ocurrido:

Y tenía razón. Llevaron a Rufa vestidos preciosos: de lino, de algodón, de lana; pero ninguno le gustó.

Mientras tanto,  en el Gran Bosque de las Moreras, y ajeno a estas tribulaciones, vivía Pin, el gusano de seda. Se encontraba casi siempre solo y un poco triste, porque le hubiera gustado ser pájaro y poder volar; así que estaba de continuo soñando con ello. Oculto tras las hojas de morera, disfrutaba mirando a los pájaros volar de rama en rama, de árbol en árbol.

Para mitigar su tristeza, Pin fabricaba metros y metros de hilos de seda que amontonaba en ovillos.
Un día, un ave lo descubrió en su escondite, Pin se quedó paralizado del susto. El pájaro en lugar de comérselo le dijo:

Pin le mostró el último ovillo que había tejido. La paloma tiró del hilo con su pico, sacando un buen trozo.

Y marchó volando hacia el cielo, con el capullo en el pico.

Dos días después, una bandada de doscientas palomas mensajeras volvió a la morera de Pin.

Dicho y hecho, en pocos minutos el tesoro de Pin estaba vacío y una bandada de doscientas palomas desaparecía en el cielo con un ovillo en cada pico, y otros dos en cada pata.

Con la seda de Pin, Aracnia, la hilandera, tejió el retal más hermoso que Clotilde viera jamás. La Modista cosió con él un vestido blanco precioso, el más bonito que alguien viera antes en Moréria.

Al fin Luz, ingenua e ilusionada, le llevó el vestido a Rufa; ésta, al verlo dijo:

Luz volvió con sus vecinos, desconsolada, y sin magia. Sólo quedaba un día.

Eso lo arreglo yo rápido –afirmó Betún, el pájaro carbonero, y añadió–: dadnos ese vestido –Luz, desesperada, se lo entregó.

Al día siguiente, Betún y sus amigos trajeron volando el vestido; sólo que ahora, en vez de blanco inmaculado, era negro azabache.

Luz, desanimada y sin esperanza de éxito, llevó de nuevo el vestido a Rufa.

Luz, no se lo pensó dos veces, tomó su cofre y salió corriendo de la gruta de Rufa. Aún no había llegado a la salida, cuando la oyó gritar arrepentida al fondo de la galería:

Ya de vuelta a su casita del bosque, Luz, en presencia de todos sus amigos, acariciaba feliz el único ovillito de seda que había sobrado; entonces, le preguntó a la paloma:

Entonces, Luz, abrió su Cofre de la Magia, sacó de él su pequeña varita mágica y, mientras decía unas palabras hermosas e incomprensibles para todos los presentes: giró tres veces la varita en el aire, y luego dio un toque apenas perceptible sobre el ovillito, que por un momento brilló como si fuera de oro.

La paloma voló al árbol donde vivía Pin, le contó las Buenas Noticias, le dio las gracias en nombre de todos, y le pidió lo que el Hada le había dicho.

Pin, contento del éxito de su seda, obedeció a la paloma sin poner objeciones, y esa misma noche, se envolvió con aquél ovillo de seda formando con él un capullito, y se dispuso a dormir.

Pin durmió tan a gusto, que lo hizo durante diez días; cuando al fin se despertó, abrió el capullo y, cuando el Sol dio sobre él, mirándose en el espejo del río, descubrió que el hada Luz le había hecho el mejor de los regalos posibles, Pin se había convertido en una hermosísima mariposa blanca, y lo mejor de todo: podía VOLAR.

2 comentarios:

  1. que leyenda más bonita. Y nunca la había leído. Preciosa.

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    1. Quizá nunca la leíste porque la escribió mi hija cuando tenía 12 años. Yo la he arreglado un poco, pero en esencia el cuento era así.

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