domingo, 30 de marzo de 2014

Memorias de Metrópolis --¿vale más el agua que el oro?--

El agua no puede tener precio, lo mismo que el aire, es esencial para la vida. Otra cosa es que, a través del uso de agua, tengamos que pagar, no por el agua en sí, si no por el beneficio residual que obtenemos de ella, digo residual, porque el beneficio principal, que es nuestra vida, debe estar garantizado gratuitamente. Cuanto más beneficio por litro de agua usada obtengamos, más deberemos pagar por ella y siempre deberemos devolverla, al menos, con la misma calidad que nos la prestaron. ¿A quién debemos pagarla y devolverla? Pues siempre al Estado, que es quien tiene la obligación de cuidarla, administrarla, y repartirla equitativamente. 
La propiedad del agua nunca debe dejarse en manos privadas. El agua que usamos, es un préstamo de un bien común (no sólo de los humanos). Si en su uso la convertimos en otro producto, por ejemplo en vino o un refresco, entre productores y consumidores, deberemos pagar al Estado por devolverla a su calidad original. Esto significa que el depurado de las aguas también es una competencia y una obligación Estatal.

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