sábado, 18 de enero de 2014

Memorias de Metrópolis --La Memoria--

Dicen los científicos que los seres humanos apenas utilizamos una parte mínima de la capacidad de nuestro cerebro. Para mí esto puede ser un contrasentido. Lo esperado sería que nuestra capacidad intelectual fuera acomodándose a nuestras necesidades evolutivas. ¿Por qué habría de confiarnos la Naturaleza propiedades cognitivas que no aprovechamos, corriendo el riesgo de perderlas definitivamente en nuestra deriva evolutiva?

Vamos a fijarnos por ejemplo en la Memoria. Cierto que unos tienen más que otros; pero, en general, ejercitándola, como un atleta ejercita sus músculos, podemos aumentarla, pero ¿Dónde está el límite? Según los teóricos de nuestro super-cerebro, no hay límite o estamos muy lejos de alcanzarlo.

Si echamos un vistazo hacia atrás, hasta la llegada de la Sociedad Industrial, el ejercicio de la memoria se ceñía al entorno familiar, al aprendizaje de doctrinas más o menos complejas, refranes e historiografía oral con una profundidad que no superaría los cien años.  Ahora, el desarrollo de la Sociedad Humana globalizada, nos viene exigiendo cada vez más memoria, de modo que si queremos disfrutar de todo lo que ofrece la modernidad y pertenecer a ella, debemos recordar nombres, hechos históricos, personajes, literatura, cine, música, geografía, arquitectura, ciencia, anécdotas, hitos deportivos, costumbres, idiomas, números, direcciones, contraseñas, manuales, sistemas operativos, normas, reglamentos, ... ¡Ufff! Es posible que, al igual que los músculos de los que practican el culturismo se inflan con anabolizantes, nuestros cerebros cultos se llenen de datos y más datos que deberemos utilizar cuando nos los requieran. Estarán conmigo en que, tanto los culturistas extremos, como esos seres con cuerpos minúsculos y un cráneo enorme para albergar un cerebro super desarrollado, parecen anti-naturales.

La Naturaleza se rige por la ley de las proporciones y éstas atienden a leyes universales inviolables como la Gravedad y el Tiempo. En el caso de la antropometría manda la Gravedad, en el de la Memoria, el Tiempo establece el límite. ¿Si nos pasamos el tiempo ejercitando el aprendizaje, qué tiempo nos queda para disfrutar de lo aprendido? Un ejemplo, la Música: hoy en día la profundidad histórica de la música no va más allá de los quinientos años, pero la amplitud de los conocimientos musicales crece exponencialmente cada año que pasa. Los que hemos tenido la suerte de vivir en medio del boom musical de la última mitad del siglo XX, seguimos encontrando buenas melodías en el siglo XXI, pero carecemos de tiempo para disfrutarlas todas; llega un momento en que hay que priorizar. ¿Se imaginan dentro de quinientos años? ¿Cómo podrán encontrar tiempo los aficionados a la música para escuchar toda la buena música registrada durante mil años? Se morirán de melancolía.

Yo, que intuyo que nuestro destino ha estado siempre en manos ajenas, permítanme que les confiese que empiezo a pensar que nuestros cerebros están cerca del límite de su capacidad, de ahí la torpeza con la que nos dirigen nuestros supuestos sabios y líderes. Hace tiempo que no se inventa nada nuevo, vivimos de la mejora y combinación de máquinas inventadas hace décadas, la creatividad está degenerando por momentos, y las ideologías han perdido el Norte. Con una brújula social girando loca, los más conservadores nos recomiendan volver sobre nuestros pasos para no perdernos, ¡cobardes puñeteros!

Creo que lo que en realidad ocurre es que ha llegado la hora de un cambio de Nivel y mejora del Software. Nuestro Creador está a punto de hacer un FORMAT C:\ /B /S con nuestros cerebros y si ustedes no quieren que los protagonistas de sus conocimientos (sus autores preferidos, sus líderes favoritos) se conviertan en mitos, como ocurrió varias veces con anterioridad (la última hace casi cuatro milenios), vayan buscando la forma de ponerlos a buen recaudo; aunque, les adelanto, que  nuestros descendientes seguramente tardarán siglos en encontrarlos.

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